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Oaxaca, Oax. 25 de agosto de 2013 (Quadratín).- Rufino Tamayo es un artista de extensa significación para la cultura contemporánea de México. Las aportaciones de su obra no sólo se extienden en el campo del color, sino que también forjó una iconografía novedosa y personal, construida con elementos que vienen de algunas manifestaciones de la originalidad creativa del arte prehispánico de México.
A 114 años de su nacimiento, que se cumplieron este 25 de agosto, se le sigue considerando como uno de los máximos exponentes de la pintura no sólo de México, sino del mundo. Un pintor universal, cuya técnica, aunque imitada no ha podido ser superada, un mexicano universal en las artes plásticas.
Creador de un estilo personal, Rufino Tamayo destacó del resto de los artistas plásticos de su generación precisamente por eso, por imprimir su sello y no seguir la corriente que marcaba la época. Aunque también plasmó murales con la temática revolucionaria, como el que se encuentra en el Museo Nacional de las Culturas, se desligó de ese estilo para construir uno propio.
Rufino Tamayo nació en Tlaxiaco, Oaxaca el 25 de agosto de 1899 y murió en la Ciudad de México el 24 de junio de 1991. Rufino del Carmen Arellanes Tamayo, sufrió el abandono paterno a corta edad y su madre falleció cuando apenas contaba con 11 años, por lo que en homenaje a su progenitora pasó a ser únicamente Rufino Tamayo.
Tres investigadores coinciden en señalar que la obra de Rufino Tamayo es única, él participó en la consolidación del arte del México moderno; el manejo del color, las mixografías, la figura, son técnicas que nadie ha conseguido superar.
Foto: Web