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Oaxaca, Oax. 14 de junio de 2013 (Quadratín).- Los libros son un fracaso, dice Eusebio Ruvalcaba, sin embargo provocan ciertos y efectivos sarpullidos en algunos lectores. Más de una mujer se ha acercado a Ruvalcaba para decirle que está de acuerdo con lo que escribe. Más de un amigo le retiró la palabra luego de hacer públicos sus textos.
Los críticos dicen de su obra que si eso es literatura, ellos son campeones de surf. A más de un director de periódico o de suplemento cultural le han pedido los suscriptores que retire de su nómina de colaboradores al tal Ruvalcaba.
Pero este hombre anda por la vida tan campante, y dice a quien quiera escucharlo que no puede escribir otras cosas. Porque la vida es cabrona y no hay otro remedio que escribir lo que pasa en ella.
Anda por los caminos de esta nación pidiendo a los jóvenes que no asistan a los talleres de creación literaria. Que no vayan a perder el tiempo frente a esos tipos que pontifican con lo ajeno. Le dice a todo aquel que se le acerca por un consejo para hacer literatura que viva, que no dilate su existencia en especulaciones. Muy certero es cuando aconseja al joven escritor que entre los brazos de una mujer cuarentona encontrará más sustancia para la escritura que en todas las horas nalga que gaste en talleres literarios.
Esto es lo que sostiene este hombre que viene de los talleres literarios impartidos por Rulfo. Este hombre que viene del trabajo arduo como corrector de galeras en las editoriales, este hombre que ama y conoce desde hace muchos años el olor rancio de las redacciones de periódicos y revistas. Alguna vez lo encontré en animada charla con los meseros de una cantina de la colonia Obrera, en la Ciudad de México. Otra noche, allá en Córdoba, Veracruz, consumimos horas y rones hablando del poeta y la derrota. Y en la Sevillana, por esas calles del DF, se le puede encontrar con alguna frecuencia en franca conversación con sus amigos meseros, originarios de la mixteca oaxaqueña.
Una de las cosas que más estima Eusebio en esta vida, es la amistad. Los libros que escribe se los dedica a sus amigos. Así podemos encontrar, por ejemplo, que sus poemas místicos están dedicados a Guillermo Fadanelli; Diccionario inofensivo, Ensayos sobre las cosas, está dedicado a Vicente Quirarte.
El hombre hace literatura desde el lugar en que lo postra el mundo. Desde ese sitio, con los amigos que lo rodean y con las cosas que cotidianamente nos ayudan a sobrellevar la vida, se escribe. Desde el amor y la solidaridad de los amigos surge la literatura, pero eso algunos críticos literarios no logran entenderlo. Pero lo sabía Borges, y García Márquez.
Desde allí vienen los veinticinco ensayos que conforman el Diccionario inofensivo. En este libro transitan altivos los tubos y los tornillos, las cajas y las piedras, los zapatos, las anforitas, el libro, la madera, el oro, el papel y la tela. Y claro, no podían faltar las llaves.
Con la fuerza de un Neruda de Odas elementales (permítaseme aquí recordar esa bella imagen: cebolla, blanca flor de los pobres), Ruvalcaba encuentra amparo para sobreponerse a este lugar en que lo abandonó el mundo.
La cosa menuda pasa por este libro en bergantín de recia literatura. Como el buen alcohol llega al desesperado, así se acercan al lector estos ensayos de Ruvalcaba. Prosa dirigida al hombre, al lector peatón, no al crítico, al literato, al encumbrado. Prosas para el que sufre, y pide al mundo consuelo. Ensayos para expatriados del mundo.
Ensayos como propuesta política, porque miran lo que desata el hombre, podría decir aquí. Porque Ruvalcaba toca con este libro la literatura que anticipó ese Cortázar de Último Round, que llegó a nosotros desde los ensayistas ingleses, y Bioy Casares y Borges.
Eusebio escribe para el que sufre, para el derrotado, con paciencia para escuchar al mundo, que ya es ganancia, como él lo dice. (La palabra es nueva, pero la cosa es vieja, diría Montaigne.)
A más de un lector cimbrarán estos escritos, más de uno los dejará a medio consumir. Entre tanto, alguna princesa tomará este libro entre sus manos, lo recorrerá ansiosa con sus ojos, lo llevará a su oído, lo pondrá en su boca, lo andará por su cuerpo.
Como debe obrarse por mujer con todo aquel objeto que se dice libro.