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Tareas de Claudia sin AMLO: economía y Casa Blanca
Oaxaca, Oax. 11 de febrero de 2013 (Quadratín).-
Para Elisa Ruiz
Este es el mes de las presentaciones de libros de poemas en una sociedad que se despereza del frío de invierno. El aire loco de febrero es propicio para echar andar los poemas.
En estos días la ciudad llena sus calles de una luz que hace que se reflejen figuras con sombrero en las paredes. Las faldas vuelan encendidas de amor por el viento. El mundo se hace próximo y las miradas de mujeres y hombres se cruzan con el calor de febrero. Lo que es más, con el calor del día salen las adolescentes de las aulas a buscar a su poeta para que les diga al oído versos encendidos. El sabor del hielo hace el milagro de endulzar con tamarindo el raspado de los enamorados. El ruido de los autos deja vía libre a los susurros de las parejas en los parques y jardines. Las historias caminan libres, dejan la sombra empozada del frío de diciembre y la luz del amanecer hace que germinen las páginas blancas. El libro existe en febrero. El sol enciende mejillas, sueños, imaginaciones y con este tiempo se escucha con claridad el sonido de cada palabra. El café, al caer la tarde, es pretexto para acercarse a la página impresa. Febrero otorga a los conductores de noticieros radiofónicos la locura suficiente para reírse en una esquina. Porque febrero es el tiempo de los niños, los libres. Febrero loco, marzo será otro poco.
Foto: Ambientación