
Tareas de Claudia sin AMLO: economía y Casa Blanca
Oaxaca, Oax. 31 de octubre de 2012 (Quadratín).-El Día de Muertos es una de las más vistosas tradiciones de México y en Oaxaca, entidad rica en costumbres y cultura, la celebración se encuentra llena de magia, color y misticismo.
El aroma del sahumerio donde las brasas del carbón consumen el copal, los típicos altares, el pan de muerto y las calaveritas de azúcar, las calacas, el papel picado, las flores de muerto, cempasúchil y cresta de gallo, las veladoras, las imágenes de los difuntos, el chocolate y el mole negro son algunos de los aspectos que caracterizan a esta tradición que revive cada año del 31 de octubre al 2 de noviembre.
La celebración de los Días de Muertos en Oaxaca es una ceremonia popular que invoca a los espíritus de los ancestros para invitarlos a convivir en el mundo terrenal, por lo que se procura agasajarlos de la mejor forma.
Su presencia entre nosotros obedece a un permiso obtenido desde el más allá para que las ánimas de los difuntos puedan visitar a sus parientes.
Gran parte de la preparación de estas fiestas se ve reflejada en la elaboración de los Altares de Muertos, ofrenda que se hace para honrar a los familiares fallecidos, ya que según la creencia popular, ellos vendrán a visitar sus viviendas y a sus familias en estos días.
Para estas fechas estoy calculando gastar unos mil pesos porque me gusta colocar un altar más o menos grande y hay que tomar en cuenta que tan solo de pan hay piezas que cuestan hasta 120 pesos, señala la señora Cristina Sosa quien recorre el mercado de La Merced para realizar sus primeras compras y comparar precios.
Otra ama de casa, Julieta Sánchez, comentó que destinará 500 pesos para lo que alcance pues su situación económica no le permite un gasto mayor. Todo está caro pero hay que buscarle para no perder la tradición, dijo.
Los Altares de Muertos, son instalados en las casas o en los mismos panteones sobre las tumbas y varía de acuerdo a las tradiciones de cada región. Todo lo que el fallecido disfrutó en vida, es recordado al preparar el altar. La ofrenda se coloca el día 31 de octubre por la mañana.
Generalmente los altares se levantan sobre una mesa forrada con un mantel o tela blanca o bien con papel de china picado en artísticas geometrías de calaveras o cualquier otro motivo alusivo a estas fechas. En las patas frontales de la mesa, se amarran unas cañas de azúcar o carrizos, a los que se les da la forma de arco triunfal, por donde se da la bienvenida a los fieles difuntos.
Tradicionalmente el Altar de Muertos se adorna con la púrpura cresta de gallo, la flor de muerto y el oloroso cempasúchil. Variando en cada región y la idiosincrasia, en diferentes niveles se colocan las naranjas, manzanas, mandarinas, nísperos, tejocotes, nueces, cacahuates y toda clase de frutas, panes en forma de muertitos, la comida preferida del difunto, dulces y el mezcalito o licor que en vida degustó.
Otra de las ofrendas que se sitúan en los altares, es la lámpara que contiene el aceite de higuerilla, las velas de cera blanca o amarilla y veladoras que sirven a las ánimas de los difuntos como luz guía a este mundo.
Dependiendo de cada familia, las imágenes religiosas y fotografías de los finados también suelen colocarse al igual que las tradicionales calaveritas de azúcar o aquellas hechas de yeso que con cierto sarcasmo hacen alusión a los difuntos y su profesión u oficio. Hay también representaciones con figurillas hechas en cartón de entierros, velorios y altares en miniatura.
El agua es de suma importancia en el altar y tiene múltiples significados. Refleja la pureza de las almas, el ciclo continuo de la regeneración de la vida y la muerte y promesa de fertilidad en la vida y en la siembra. Por eso, se coloca un vaso de agua fresca para que el espíritu refresque sus labios y mitigue su sed después del viaje desde el mundo de los muertos.
Desde el tiempo prehispánico hasta nuestros días, ha sido costumbre entre nuestros pueblos, colocar en el altar de muertos la ofrenda de copal o incienso, substancias que al ser quemadas, producen olores aromáticos; esta ofrenda estaba considerada como uno de los principales tributos a las divinidades.
Una vez colocado el altar, nadie puede tocar absolutamente nada. Los invitados son los muertos y son ellos quienes inician el convite, en su retorno al inframundo, ya satisfechos, únicamente se llevarán el olor y la savia de los platillos, sólo después de ellos, todo podrá ser probado por los deudos.