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¿Lealtad a quién?
Oaxaca, Oax. 02 de julio 2012 (Quadratín).- Lo vi llegar con una cara que parecía la derrota con una cancha cerrada. No era cansancio. No era desgaste por 90 días en campaña. Tampoco era el rostro de la seriedad, mucho menos el de la vehemencia del 2006. Era la mañana del domingo 1 de julio, la segunda oportunidad histórica de Andrés Manuel para buscar la silla presidencial. Pero algo pasó en su rostro, algo lo había apagado.
Llegó muy frío a la explanada de la Conagua, donde votaría. Por televisión, el peso de su mirada no generaba más que dudas, incertidumbre, visos de que la jornada ya se veía adversa. Ese no era el López Obrador que día a día, por 90 jornadas observé repetidamente en conferencias y mítines proselitistas.
Tampoco creo en la hipótesis de que la veda electoral tras el cierre de campaña mermó las revoluciones del tabasqueño. La adrenalina y las endorfinas deberían ser mayores tan pronto se acercaba el momento.
Votó y se desapareció. Estuvo en casa, hasta que en la noche acudió al cuarto de guerra. Ahí fijó postura a medias, veladamente. Dijo que esperaría al escrutinio final. Hasta aquí, Obrador cambió un poco el rostro. Él sabe que en 2012 tampoco será.
Y a pesar de que el resultado le será adverso en esta ocasión por más de 0.56% lo peor de López Obrador será si desaparece de la escena pública y política de México. Si bien dijo que se iría a la chingada si esta vez perdía, el peor error de Obrador sería abandonar las aspiraciones de quienes creyeron en él desde hace 6 años.
Lo peor de López Obrador sería huir ahora, dejar el gallinero alborotado, la marea alta, los vientos alisios y la historia de las izquierdas a medias.
Ha perdido. Pero para él, la primera defensa legal será a partir del miércoles cuando inicie el recuento distrital de votos. Luego de eso, estarán los tribunales, pero jamás deberán estar las calles. Ya no en 2012.
López Obrador sabe que el costo político del 2006 fue enorme, y si bien no tiene nada que perder, tendrá que estar, otra vez, en la reconfiguración de la izquierda para 2018, la izquierda de Marcelo Ebrard.
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