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Oaxaca, Oax. 1 de junio 2012 (Quadratín).-El presidente Felipe Calderón contará a partir de hoy 30 días para conocer al sucesor de la banda presidencial el próximo 1 de diciembre. También comenzará a restar los días de los últimos seis meses de su sexenio.
Será el comienzo de la gira de despedida. Justo el pasado 17 de mayo, el Presidente decía que el mejor legado que dejará su administración será el esfuerzo para mejorar la seguridad en México. Qué frescas y qué lejanas quedan aquellas imágenes de principios de 2007 cuando se le vio vestir chamarra y gorra militar en Apatzingán. En aquel entonces era el inicio de la guerra contra el narcotráfico.
Justo hoy se celebra el día de la Marina Nacional. Quizá la institución más respetada, junto al Ejército, en el combate al crimen organizado. El Presidente estará en Veracruz conviviendo con marinos. Mañana también se celebrará el día de la Policía Federal decretado el año pasado. Lo celebrará en el Centro de Mando de Iztapalapa en compañía de los directores de la Interpol, la DEA y la Policía Nacional de Colombia que estarán en México reconociendo el trabajo contra el narcotráfico.
Es claro que el Presidente intensificará sus actos con las fuerzas federales. Es claro que no quiere ser recordado como el mandatario que prometió ser el Presidente del empleo y que no lo logró. Tampoco quiere ser recordado como el Presidente del crecimiento económico mediocre como lo calificó el PRI o el de la pobreza. Tampoco como el Presidente de la Influenza. Su línea ya la dio y fue clara: quiere ser el Presidente de la lucha contra el narco, aunque le arrastre el fantasma de los 60 mil muertos.
Serán seis meses de acercamientos constantes con las fuerzas armadas, sus fuerzas armadas. Será la despedida del batallón calderonista que fue mermado con infinidad de cambios en dependencias. Quizá será el sexenio con más movimientos en las secretarías de Estado. El sexenio de las extrañas muertes aéreas de dos de los personajes más cercanas al Presidente, las de sus amigos Juan Camilo Mouriño y Francisco Blake.
Serán seis meses en los que tendrá que luchar contra el no rating opacado por las campañas electorales y por un Presidente electo que de inmediato, estoy seguro, habrá de tener agenda pública en México y quizá el extranjero.
Acostumbrémonos, pues, al inicio de la gira del adiós, al discurso victorioso. Porque después de todo, tendrá que esconder que no fue el Presidente del empleo.
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