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¿Lealtad a quién?
Oaxaca, Oax. 30 de mayo 2012 (Quadratín).-Lo que sería una puerta, y una pared al fondo como telón de teatro pintada con flores y escalinatas. En el piso de tierra sin bruñir, nada. Por eso destacan los pies descalzos del hombre. Son negros, descalzos y las plantas están separadas una de la otra dispuestas a levantar la figura que será vista más allá de los días del gran cismo y de las crecidas de agosto. Más allá de esta ciudad cercada por conventos e iglesias.
Junto al pie derecho un cántaro de barro negro. Cántaro de barro para ser usado en la ciudad misma, todos los días, por todos y por su dueño. Cántaro de los caminos, de las calles, de las casas con ventanal forjado al frente, portón de madera, pila de agua en el primer patio y patio interior con flores y pequeños árboles donde las señoras y las niñas pasan horas enteras. Cántaro para la gente. Para que todos lo sepan el hombre empuña en su mano derecha el lazo que amarra la boca del cántaro. Cántaro con dueño. Hombre y cántaro. De la mano del hombre al cántaro que reposa en el piso no existe una gran distancia, el hombre es pequeño y el cántaro grande y el cabo con que se unen es de la edad del cántaro y del hombre.
El hombre que trabaja con un cántaro no puede ir por las calles con la ropa sucia, mal planchada. El calzón de manta blanco, ceñidas las perneras al tobillo, sin amarres, Y una línea que sube desde los tobillos hasta el vientre muy bien fijada con planta de carbón. Plancha de carbón o de comal con las
bondades del acero caliente fijadas sobre la manta. La cintura del calzón con su ceñidor bien amarrado.
Camisa de mangas largas abotonada al cuello. De las mangas sobresalen las manos callosas y los nudillos fuertes, las uñas redondas, anchas. Mano grande, de hombre que trabaja con las manos desde su nacimiento.
Del cuello pende de un cordel el escapulario de tela blanca, alguna imagen religiosa tendrá, alguna Virgen de la Soledad acompañará a este hombre en el trance de entregar su imagen para que trascienda los años. Alguna imagen de la Asunción de María, alguna figura de Nuestra Señora del Carmen.
El rostro del hombre desemboca en mi mesa de trabajo, aquí junto a mis ojos, con el flanco izquierdo con más luz sobre las mejillas y el derecho con una sombre que oculta el borde del ojo derecho. Desde su posición la luz entra en la imagen por el lado izquierdo. Más luz en el hombro izquierdo que ocultan a las bolitas diminutas que ilustras la camisa, como un pijama. Por esta iluminación la mano derecha ennegrece aún más y casi no se observa. Los ojos son negros rodeados de un blanco intenso, de gente sana y sin vicio. La cabeza porta un sombrero de palma, con el borde muy bien costurado y una cinta negra en la copa pequeña. Sombrero estilo años veinte de este siglo que inició con revoluciones y dejó a nuestra gente con los pies descalzos pero con la cabeza cubierta al último grito de la moda de las capitales del mundo.
El párpado del ojo derecho abre más que el del ojo izquierdo y esta característica le da a nuestra imagen un equilibrio singular que termina en una oreja izquierda grande que se pierde entre los cabellos. La boca es pequeña, de indio, muy bien dibujadita, de labios poco carnosos. La nariz es recta y cierra sin violencia el conjunto de la imagen facial. No tiene pelos en la cara y las cejas y pestañas son de aguacero.
Parado en posición de firmes la imagen de este hombre me recuerda la figura de los acasillados enrolados a los ejércitos por la leva. Hasta aquí lo habrá dejado la revolución, pegado a su cántaro y con sombrero, como todo un hombre que lleva con dignidad por esta tierra de vírgenes y curas, su negocio.
Foto:Web