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Once narcocabezas para complacer a Trump
Oaxaca, Oax. 15 de marzo del 2012 (Quadratín).- La creación de otro organismo de combate, guerra, cruzada, lucha contra la corrupción es la mejor garantía de que, como todos los anteriores y los miles de mexicanos que se dedican a ello, no servirá para nada.
Bien analizado, la corrupción está en el ser mexicano como un gen que da origen y destino. También lo es la tendencia a crear organismos que no han servido para nada, bueno si, para ampliar la corrupción.
La corrupción se construye sobre la impunidad, es decir, pisotear la letra y el espíritu de la ley y que no haya consecuencias.
Todo burócrata de bajo, medio o alto nivel padece la enorme cantidad de oficinas supuestamente encargadas de evitar actos de corrupción y que solo no sobrevivan sino que tampoco crezcan como la yerba en el campo fértil.
Todo mexicano se duele del sistema corrupto que hemos construido y alimentado, pero también todos participamos, en pequeñas o grandes aportaciones, a que se mantenga. Si no, encuéntrese al funcionario que rechace prebendas o beneficios que contribuyen a separar a los ricos de los pobres.
De letras, dice el refrán, me como un plato, porque la cantidad de organismos dedicados a atacar la corrupción, son en sí mismos otro acto de corrupción.
Sorprende la creación de la Fiscalía contra la Corrupción, pues ya existen órganos de control en todas las dependencias del gobierno, que dependen de la secretaría de la Función Pública, antes Contraloría; también está la Auditoría Superior de la Federación que depende del Poder Legislativo para supervisar el gasto del gobierno, por sólo citar a dos instancias que, por lo visto, son inútiles pues debe crearse otro organismo.
El documento que justifica otra dependencia explica que estimaciones del Banco Mundial afirman que la corrupción puede reducir la tasa de crecimiento de cualquier país entre 0.5 y 1 punto porcentual por año, lo que agrava la pobreza y la desigualdad.
Éstos serán considerados como delitos contra la economía nacional y aplicables a todos los integrantes de los poderes de la Unión, de los poderes públicos de los estados, municipios y órganos constitucionales autónomos que cometan estos delitos, indica el dictamen.
Uno pregunta si la amenaza esta prevista en la legislación vigente, pero no se aplica. La designación del titular de la fiscalía sería a convocatoria emitida por el Senado, que con el voto de las dos terceras partes del quórum. El cargo tendrá duración de ocho años y el encargado podrá ser reelegido una sola vez. Esta fiscalía nacional funcionará como un órgano de equilibrio constitucional y político que, bajo parámetros constitucionales, desempeñe su función y que cimiente su organización y estructura para que su funcionamiento sea independiente al poder político, al contar con autonomía orgánica, de gestión y presupuestaria, personalidad jurídica y patrimonio propios, explica.
Obvio, el nuevo fiscal tendrá salario decoroso, equiparable al de cualquier Ministro de la Suprema Corte, Consejero del IFE o de la Comisión de los Derechos Humanos o del Banco de México, además que contará con recursos humanos y materiales suficientes para el desempeño de su función.
El ciudadano en la calle podría pensar si esos dineros serían más útiles si se dedican a escuelas u hospitales y no a engordar una burocracia que es causa y efecto en un sistema envenenado por la corrupción. Aunque los legisladores, digan misa envueltos en su bandera contra la corrupción.
Foto:Archivo