
¿Lealtad a quién?
Oaxaca, Oax., 10 de noviembre de 2011 (Quadratín).- El añejo conflicto de Los Chimalapas volvió a estallarle en el rostro al gobierno del estado de Oaxaca y frente a las imágenes del rescate del ganadero chiapaneco por las fuerzas de seguridad pública de nuestra entidad; el enojo, la rabia y la decisión del pueblo Zoque de desconocer el diálogo con el gobierno y lo peor, al gobernador del estado.
Es difícil aceptar esas imágenes y el operativo policial para entrar hasta la casa comunal, en pleno corazón chima, ahí donde Gabino ganó las elecciones gracias a que una y otra vez, a lo largo de muchos días de convencimiento, se impulsaron los beneficios de la necesidad del cambio político en Oaxaca, de la democratización de la vida política de la entidad.
No es fácil entender el conflicto de Los Chimalapas para quienes no han recorrido las miles de hectáreas que dividen los estados de Chiapas y Oaxaca, una zona que los ganaderos y madereros de Chiapas se han ido apropiando lentamente con el contubernio de las autoridades federales y estatales.
Hace más quince años en el Senado de la República recuerdo que se conformó una comisión para impulsar la solución a los conflictos que por los límites se ha mantenido a lo largo de más de 40 años. Los últimos dos gobernadores que antecedieron al actual, si bien le dieron importancia al conflicto en términos de mantener gobernable la región a través de prebendas a los dirigentes de los comuneros, nunca entraron a fondo a resolver el conflicto que en sí existe por los límites entre ambas entidades.
De hecho, el actual gobernador le restó importancia a dicho conflicto desde que nombró para presidir a la Comisión de Límites a una persona totalmente desconocedora de la historia de la región, de los usos, costumbres y tradiciones, y mucho menos de las demandas que a lo largo de los años han planteado Los Chimapalas.
La solidaridad con el pueblo Zoque a partir de la acción policial no se ha hecho esperar, con excepción de la UCIZONI, movimientos sociales que antaño jugaron un papel relevante en la defensa de los intereses de los chimalapas no han asomado la cabeza para plantearle al gobierno de Gabino Cué y a sus negociadores en la Secretaría de Gobernación que lo que está en juego, es no sólo la gobernabilidad de la región, sino el establecimiento de los límites entre ambas entidades, que no es cosa menor, suponiendo que en los interlocutores del gobierno existiese el interés por que este tema tan delicado se resolviera a través del diálogo. Situación que se aprecia casi imposible, pues del lado del gobernador chiapaneco, los intereses de los madereros y ganaderos son de muchos miles de millones de pesos.
Si como dice el comunicado del gobierno, el diálogo se agotó y suponiendo que en la Secretaría de Gobernación se tomó algún acuerdo de entregar al ganadero que desde el pasado cuatro de noviembre se encontraba retenido, la pregunta es ¿qué compromiso obtuvo a cambio el gobierno de Oaxaca de su homologo chiapaneco para ingresar con la fuerza pública? Seguramente buscar evitar algún enfrentamiento que estaban preparando los ganaderos y madereros chiapanecos. Pero, ¿En qué se beneficiarán los chimalapas a corto plazo para que el gobernador haya decidido que la fuerza pública golpeara a hombres y mujeres por igual?
¿Cuál es la lógica que mueve al gobernador Cué y a sus operadores políticos en el proceso de diálogo iniciado en Gobernación? Resolver el conflicto en el corto plazo y establecer mesas de trabajo y diálogo o lo que sería más importante, solucionar de una vez por todas, el conflicto de límites en una zona cuya riqueza natural y ambiental es incuantificable.
El pueblo Zoque está lastimado, ofendido, denigrado por sus propias autoridades, por su propio gobierno, reclamará seguramente la solidaridad de los pueblos del Istmo, de las organizaciones sociales, de los partidos políticos.
Es prácticamente un hecho, porque la experiencia así lo dicta, que para resanar las heridas, el gobierno les envíe a los representantes comunales algunas despensas, algunos proyectos y quizá algún recurso, pero valdría la pena que el gobernador que hace un año prometió no volver a utilizar la fuerza pública en contra del pueblo oaxaqueño, hablara personalmente con el pueblo Zoque, ahí, en la misma plaza en la que en mayo de 2010 les pidió su voto.
Tienen razón las voces que han reiterado que la gobernabilidad de la entidad pasa por resolverlos conflictos comunales, lamentablemente Oaxaca desde hace un año no deja de ser nota roja en los noticieros. Algo anda mal, y lo terrible es que estamos a una semana del primer informe de gobierno. Y si el pueblo Zoque decidiera movilizarse a la capital el próximo martes quince?
Mucha lumbre al fuego que no han podido o querido apagar.