
De la misma manada
Oaxaca, Oax. 5 de junio de 2011 (Quadratín).- Hemos sostenido que no existe transición política alguna en nuestro Estado, puesto que hemos arribado a un régimen político que le hemos denominado patrimonialista, cuya característica principal es utilizar los bienes públicos como bienes privados.
Esto es a consecuencia de un gobierno de coalición integrado por partidos políticos que no gozan de una ideología en común, ni mucho menos de una acción política en que puedan estar de acuerdo, asimismo, la sustitución del gobernadorismo, esto es, el gobierno de un solo hombre por el gobierno de algunos o de un grupo reducido, por ello, los bienes públicos se han distribuido para su uso y abuso entre los diversos jefes de la nueva familia gobernante, la que podemos denominar la familia de la alternancia.
El régimen político patrimonialista es acompañado por un fenómeno que se le ha dominado la empleomanía, cuya característica principal consiste en que los empleados públicos, no importando normas, reglas, principios y valores, aspiran siempre al próximo escalafón, pues saben que de ello depende la felicidad de sus familias y sobre todo la felicidad personal. La disputa por los empleos públicos en Oaxaca por los simpatizantes del PAN, PRD, PT, PANAL y CONVERGENCIA y la exclusión de los priistas, es un hecho cotidiano que informan los medios estatales de comunicación, tenemos también que los patrimonialistas, en más de las veces, invaden en otras esferas de su competencia causando problemas y desorden administrativo y político en el nuevo régimen.
Ante esta situación, las consecuencias son: la mala marcha de la administración, el mal ejercicio del recurso público, la afectación de la economía oaxaqueña y de más efectos sociales, políticos y económicos, que hacen que el ciudadano oaxaqueño tenga la impresión de estar frente a un gobierno incapaz, ineficiente, corrupto y prepotente.
En la formulación de la política del desarrollo para Oaxaca y que refuerza nuestra tesis sobre el carácter patrimonialista del régimen, pues se vive el aquí y el ahora no importando el mañana, pues de lo que se trata es del abuso y el uso el recurso público, es el menosprecio que el propio gobierno le ha otorgado al Plan Estatal de Desarrollo 2010-2016.
No cumplir con las formalidades de la entrega del Plan al congreso del Estado nos indica que a los patrimonialistas poco les importa comprometerse ante la ciudadanía oaxaqueña. También la falta de dignidad de los legisladores nos indica que ellos también han ingresado al régimen patrimonialista, pues mucho se habla de los dineros y recursos que han recibido por parte del gobierno para aprobar normas que benefician al régimen político actual.
Un congreso digno debería de no darse por enterado de la entrega del Plan y someter al Ejecutivo a las consecuencias jurídicas que de ello se podría derivar, sin embargo, los legisladores oaxaqueños no supieron honrar su investidura y aceptaron sin más las informalidades del caso.
Otro caso más como ejemplo de que estamos ante un régimen patrimonialista es el tratamiento que se le dio a la negociación con la sección 22 del sindicato de los maestros, pues en el ámbito estrictamente patrimonial, se le otorgaron a los profesores la satisfacción a sus necesidades gremiales, en donde para algunos, simplemente fue un reparto del pastel, que por cierto fue muy generoso por parte del gobierno que le llamó histórico. No se atendió a los maestros como movimiento social y no se hizo el compromiso con ellos de ir hacia un proyecto educativo que rebasara los límites del neoliberalismo imperante y que desde Oaxaca, un magisterio combativo debería de ofrecer una educación democrática a favor de la mayoría de los oaxaqueños que somos los indígenas. Sin más, los maestros aceptaron el amasiato educativo neoliberal que se ha establecido entre Felipe Calderón y Elba Esther Gordillo. En suma, la sección 22 del sindicato de maestros ya forma parte de la nueva oligarquía que gobierna a Oaxaca y forman parte también de este régimen patrimonialista.
Al régimen patrimonialista le es consustancial también la acción de gobierno que busca solamente beneficios electorales, en su expresión más grosera se les llama gobierno electorero, pues el asistencialismo es su ideología fundamental, la prueba más fehaciente es que se ha importado los programas más asistencialistas que existen en México, esto es, los del gobierno del Distrito Federal, de esta manera, se tienen programas sobre mujeres, sobre los ancianos, madres solteras, que tienen un amplio sentido electoral, por cierto, les ha faltado un programa asistencial para los pueblos originarios de Oaxaca.
El asistencialismo tiene mucho de caridad, por tanto, al gobierno se le observa como un gobierno caritativo, bien intencionado, querido, apreciado, pero si le rascamos tantito aparecerá su piel de brujo maldito que solamente desea el voto de los pobres ciudadanos.
Así, van juntos, patrimonialismo, más asistencialismo, más caridad, igual: régimen político de Oaxaca.