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Niega Ivette Morán interés en candidatura al gobierno de Oaxaca
Oaxaca, Oax. 24 de noviembre de 2010
Pronunciamiento de la Ciudadana Diputada Eufrosina Cruz Mendoza, con motivo del Día Internacional de la No Violencia en Contra de las Mujeres
Con el permiso de la mesa;
Honorable Asamblea:
Cuando salí por primera vez de mi comunidad hace casi 20 años buscando convertirme en un ser libre, miré hacia atrás y sabía que las huellas de mis pies cansados estaban marcando el camino por el que un día iba a regresar a Quiegolani. Lo que no podía imaginar era el rumbo que seguiría cuando al fin consiguiera ejercer mi libertad.
Hoy sé que mi destino es cruzar fronteras y derribar muros para darle a mis paisanos la libertad y la justicia por la que tanto han esperado. Pero siempre, una y otra vez, regreso sobre mis pasos para encontrarme con mi gente, con los hombres y con las mujeres cuya piel es del color de la tierra y cuyas manos poseen tantas grietas que por ellas pudiera atravesar un río multiplicando su cauce en millones de hilos de agua.
Sobre el camino agreste que recorro día tras día he podido observar que no camino sola, que hay muchas marcas de otros pies que están cruzando el mismo camino hacia la libertad, la justicia y la democracia.
Esas marcas son los pasos de muchas otras mujeres y muchos otros hombres de noble corazón que acompañan mi lucha. Jamás pasó por mi mente que el rumbo de mis pasos me traería a esta Alta Tribuna de Nuestra Honorable Cámara de Diputados para hacer uso de la palabra en el marco del Día Internacional de la No Violencia en Contra de las Mujeres, que conmemoramos mañana.
Por ello, y por la gravedad de las agresiones que se registran día con día en contra de las mujeres oaxaqueñas, estoy aquí para hacer un llamado a la unidad de todos los grupos parlamentarios para trabajar juntos por la construcción de un marco jurídico y de instituciones que hagan real y efectivo el derecho de las mujeres a una vida libre de violencia, sobre todo aquella que se ejerce en contra de las niñas que viven en las comunidades indígenas de nuestro estado, en donde el silencio es cómplice de múltiples violaciones a sus derechos humanos.
Cuando niña, me gustaba trepar a los árboles y mirar desde lejos las reuniones a las que asistía mi padre en el centro de la comunidad, en las cuales se tomaban las decisiones sobre el destino Quiegolani.
Mientras acompañaba a mi madre y mis hermanas a recoger la leña y el maíz cuando apenas el sol comenzaba a pintar el cielo y lo llenaba de colores, me gustaba divisar el horizonte e imaginar cómo sería el mundo más allá de la montaña. Me preguntaba si los hombres usarían huaraches y sombrero como mi padre y discutirían solos los asuntos de su comunidad, si las mujeres andarían descalzas y caminarían entre las sombras del amanecer y si los niños como yo irían a una escuela donde los pequeños convivían apretujados en pupitres de madera viejos y despintados.
Todavía siendo niña, pude descubrir que a pesar de que el mundo más allá de las montañas no se viste de flores ni alumbra sus noches con inciensos y veladoras, también era gobernado por la palabra de los hombres. Entonces pensé que era parte de la naturaleza humana que las mujeres guardaran silencio mientras los hombres discutían y acordaban. Pero ese tiempo ha pasado y aprendí que hombre y mujer somos iguales ante la ley y que el silencio se puede romper con el valor de la libertad y con la fuerza de la palabra.
Hoy, el Oaxaca que conocí siendo niña me ha mostrado que poco a poco se abren espacios para las mujeres y que cada día es más fuerte el sonido de nuestras palabras. Sin embargo, en nuestras comunidades indígenas de Oaxaca, parece que el tiempo se ha detenido y que las nubes de la equidad y de la justicia que surcan en otros lugares no son las mismas que cobijan a mi gente.
Hoy, quiero que las nubes de la justicia, de la equidad, de la libertad, de la seguridad y de la no violencia de género, lleguen a todos los rincones de Oaxaca y de México y que sacudan los hombros de todos los mexicanos. Quiero que el testimonio de convivencia y de equidad que descubrí en esta Cámara de Diputados, cunda por cada rincón de mi tierra oaxaqueña.
Es un gran compromiso y un sueño hecho realidad el haber sido electa diputada de esta Legislatura y Presidenta de la Mesa Directiva de este órgano colegiado. Pero esta realidad no es la de todas las mujeres de Oaxaca. Por eso, exhorto a mis compañeras y compañeros diputados para que esta Sexagésima Primera Legislatura sea la que marque el inicio de una nueva realidad para las mujeres de Oaxaca, sin distinción de edad, credo, raza, lengua, condición social o identidad política.
Pido a mis compañeras y compañeros diputados que trabajemos en la construcción de los acuerdos que nos permitan honrar la memoria de aquellas mujeres que han dejado su vida en el surco de tierra, en las calles de una ciudad violenta, en el rincón de una cocina de leña o en las manos de un ser humano violento. También, que alcemos la voz en contra de las agresiones a las mujeres periodistas, a las profesionistas víctimas de acoso, a las madres solteras y trabajadoras que son insultadas, a las mujeres indígenas compradas como mercancía, a las servidoras públicas que cobran sueldos menores a los de sus compañeros, a las viudas y huérfanos que no reciben pensión, a las mujeres todas que luchan por hacer de Oaxaca un lugar mejor para sus hijos y que deben enfrentarse al flagelo de la violencia, del sometimiento, de la discriminación, del despojo y del miedo.
Pero además, y porque la pobreza también es una forma de violencia, quiero exhortarlos a que juntos caminemos hacia un nuevo destino para nuestras mujeres, a fin de que alcancen mejores condiciones de salud, educación, alimento, vestido, vivienda y trabajo. Que cese la pobreza que tanto hace llorar a nuestra tierra, que cese el abandono del Estado, que cese la muerte por pobreza e ignorancia, que cese la violencia de género.
Quisiera que las niñas y las mujeres de mi pueblo y las de todos los pueblos indígenas de Oaxaca y de México pudieran conocer este mundo en el que es posible romper el silencio y disipar la oscuridad.
Para todas ellas es este pronunciamiento y este compromiso a favor de la equidad, de la justicia y de la libertad; para que nunca más se violente su integridad física, moral o sicológica y para que nunca más sean víctimas de la discriminación por el hecho de haber nacido mujeres.
Me gustaría que un día haya muchas almas pequeñas trepadas en los árboles mirando a sus padres, mujer y hombre, sentados en igualdad en torno al diálogo comunitario. Sueño con que muy pronto el derecho de la mujer en las grandes ciudades de México sea igual que el derecho de la mujer en las comunidades indígenas de Oaxaca.
Compañeras y compañeros diputados: En México la violencia de género le arranca la vida a más mujeres de 15 a 44 años que las diversas formas de cáncer y 67 de cada 100 han padecido alguna forma de violencia a manos de su pareja, de su comunidad, de su familia o de sus compañeros de trabajo. Peor aún, según datos oficiales, 40 por ciento de los asesinatos de mujeres en nuestro país suceden en su propio hogar, la mayoría de las veces a manos del ser que más han amado
Y tristemente, dolorosamente, muchas de estas muertes quedan impunes.
La violencia en contra de las mujeres no es normal y tenemos que trabajar juntos para que tanto en Oaxaca como en México, se arranque de raíz este fenómeno.
Como la mala hierba del campo que impide el crecimiento del maíz que nos alimenta y las flores que nos adornan, les pido que trabajemos juntos para que nunca más una mujer sea víctima de violencia o discriminación. Hagamos las leyes que merecemos todos para darle un mensaje de unidad, de equidad y de justicia al Pueblo de Oaxaca y a nuestro país entero.
A un día de la conmemoración del Día Internacional de la No Violencia en Contra de las Mujeres, mi corazón llora y mi alma está sangrando. Hoy, alzo mi voz desde esta tribuna para decirle a Oaxaca y a México: Nunca más una mujer golpeada, nunca más una niña víctima de abuso, nunca más una indígena discriminada, nunca más un estado rico lleno de mujeres pobres, nunca más el silencio y el miedo, nunca más un Oaxaca sin sus mujeres.
Muchas gracias.