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¿Lealtad a quién?
CDMX, 27 de noviembre, 2016.- La promesa de que el Ejército mexicano se ocuparía temporalmente de las tareas de seguridad para apoyar a los poderes estatales y municipales, mientras se profesionalizaban los nuevos cuerpos policiacos y se daban las bases legales e institucionales para su buen funcionamiento, fue una falacia, pues lejos de que los militares se ocupen de sus funciones que les asigna la Constitución, pronto se discutirá una iniciativa para regular su permanencia en las calles.
Es importante reconocer que el sistema político mexicano ha sido rebasado por el crimen organizado, si pensamos que el daño era temporal, es decir, que sólo fue la docena trágica panista lo que agudizó la problemática en materia de seguridad, estamos equivocados, pues no fue suficiente la guerra que lanzó Felipe Calderón Hinojosa durante su administración, la cual trajo consigo la muerte de más de 80 mil personas, sin contar los miles de torturados y desaparecidos.
La propuesta en la materia del actual gobierno encabezado por Enrique Peña Nieto consistió en recuperar la casa en llamas, como recientemente le llamó a nuestro territorio la arquidiócesis primada de México, cuando aseguró que los ciudadanos no tienen garantía de regresar seguros a su hogar o de recibir amenazas de delitos. La inseguridad y la violencia según la institución son reflejo de la corrupción, el empobrecimiento, la falta de competitividad y la carencia de oportunidades.
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