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¿Lealtad a quién?
México, D.F. 16 de julio 2012 (Quadratín).- Hace varios lustros que el país vive con la sensación de estar en vilo, como si estuviera a la orilla de un profundo y oscuro precipicio o también como si se estuviera en una gasolinera en la que se están prendiendo cerillos a cada momento. La clase gobernante, especialmente la cúpula que incluye partidos políticos, gobiernos, empresarios, grupos de poder y de presión, han sido incapaces de infundir certeza y seguridad.
No se trate, especialmente del cumplimiento de la ley o del fortalecimiento de las instituciones, pues ahí la falla ha crecido consistentemente. Intereses personales o de grupo, mezquindades para mantener privilegios y cotos de poder han prevalecido y permanecido por encima del interés común, el de las mayorías, no se diga de los de la Nación, cuya noción pocos toman en cuenta.
En los últimos años los mexicanos han vivido inmersos en la guerra contra el crimen organizado y el narcotráfico, lo que ha hecho del miedo y la amenaza la sensación generalizada. En las últimas semanas la animosidad y belicosidad electoral abrió la esperanza de que con la elección de las nuevas autoridades, el deseo de pacificación, tranquilidad, progreso y crecimiento ocuparan su sitio en el ánimo nacional. Sin embargo, han pasado ya dos semanas de que el electorado se volcó a las urnas y la certeza o la tranquilidad no llegan. La zozobra pervive y la clase gobernante demuestra su incapacidad por la inhabilidad de unos y el abuso de otros.
Mientras el país está en manos de las autoridades electorales, el candidato perredista perdedor Andrés Manuel López Obrador repite la dosis que los mexicanos ya conocen: la amenaza, la denuncia a la que, desafortunadamente, se volvió adicto a pesar de sus promesas y propósitos de reivindicación. Es el mismo y no fue capaz de evolucionar, no se diga crecer. La participación del presidente Calderón en el maratón dominical de 10 kilómetros confirma que está ya en el tramo de su despedida, mientras el PRI no acaba de aceptar que los problemas ya son de su ámbito de (in) competencia y sus dirigentes reaccionan tarde y lucen todavía lentos, indecisos y parsimoniosos. Parte del PRD permanece estupefacto mientras López Obrador está decidido a encender la mecha y rechazar lo que había ofrecido acatar.
Aún no se resuelven impugnaciones de la reciente contienda presidencial ante el Trife y ya el Partido Acción Nacional convocó al próximo gobierno priista a impulsar los profundos cambios económicos, políticos y sociales que demandan los mexicanos.
Gustavo Madero y Cecilia Romero, dirigentes formales de ese partido, asumieron ya su regreso a la oposición y dijeron: nosotros no pagaremos al PRI con la misma moneda de la obstrucción legislativa que ellos usaron, porque el pueblo de México sería el mayor perdedor. Refrendaron el compromiso de colocar el bien común por encima de su interés partidario, sin claudicar en el impulso a los profundos cambios económicos, políticos y sociales que demandan los mexicanos. Reafirmaron su determinación de no solicitar la nulidad de las elecciones por falta de pruebas suficientes. Madero agregó que, en el gobierno o en la oposición, Acción Nacional siempre será una fuerza rica en el debate y en el acuerdo parlamentario.
El PAN afirmó que se opone enérgicamente a prácticas fraudulentas como el evidente rebase de los gastos de campaña, de los topes para las aportaciones privadas a partidos, mecanismos paralelos de financiamiento, compra de votos, participación indebida de gobiernos estatales y municipales en la elección, promoción de candidatos fuera de los tiempos establecidos, uso de convenios de publicidad en medios de comunicación y manejo de encuestas como medios propagandístico.
El país merece descanso, tranquilidad, certeza pero nadie quiere poner su parte para que eso se alcance. La clase gobernante no sabe cómo, quizá tampoco lo quiere.
Foto:Ambientación