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Reforma de maíz transgénico: ¿camino a soberanía alimentaria de México?
México, D.F., 10 de febrero de 2012 (Quadratín).- Una de las distinciones entre el político partidista y el político de Estado puede medirse en la forma como se observa y se practica la justicia. Es muy humano caer en la tentación de utilizar los instrumentos de la ley y de la justicia contra los enemigos políticos de ayer y de hoy.
A los estadistas se les reconoce por su espíritu de justicia, no solamente en dar a cada quien lo que merezca en oportunidades, riqueza, bienestar, sino en el uso de la ley y las instituciones burocráticas.
La reflexión es oportuna por la inhabilitación profesional que recién se dictó contra el juez español Baltasar Garzón, por el delito de prevaricación al investigar el caso Gürtel, lo que sienta un grave precedente a la aplicación de la justicia y que se espera no se vuelva en contra de la propia sociedad, por las graves consecuencias que la jurisprudencia sembrada pueda tener.
Garzón prevarica porque consciente de que incurre en actos ilegales, ordena escuchas clandestinas y, por otra parte, al hacerlo y utilizarlas, viola las garantías constitucionales de acusados y letrados defensores.
Famoso internacionalmente por la persecución y final detención del ex dictador chileno Augusto Pinochet en 1998 en Londres, Baltasar Garzón, de 56 años, fue condenado por el Tribunal Supremo español a 11 años de inhabilitación por haber ordenado escuchas ilegales en la investigación de un caso de corrupción.
Más allá de su fama y sus reconocidas capacidades jurídicas y mediáticas, el juez ha participado en sonadas polémicas y ha jugado activamente en escenarios políticos nacionales e internacionales. Por muchos es reconocido y admirado, del mismo modo que es criticado y censurado.
El concepto de justicia tiene su origen en el término latino iustitĭa y permite denominar a una de las cuatro virtudes cardinales, aquella que inclina a dar a cada uno lo que le corresponde o pertenece. La justicia es aquello que debe hacer según el derecho, la razón y la equidad.
Hay quienes sostienen y califican de que repugnante que el instructor y, por orden suya, el fiscal y la policía puedan obtener de forma indiscriminada y general ni más ni menos que las conversaciones de los abogados con sus defendidos y, además que, amparados por el secreto del sumario, puedan utilizar la información así obtenida en contra de los mismos.
Esto o aplicar la tortura para obtener confesiones viene a parecerse o ser casi lo mismo. Nadie ni nada debe estar por encima de la ley.
La hija del juez Garzón, María Garzón, inmediatamente después de la decisión de la Corte española en contra de su padre, puso a disposición de los medios de comunicación una carta abierta que dirige a quienes hoy brindarán con champán por la inhabilitación. María asegura que en su casa brindarán juntos, cada noche, porque sabemos que mi padre es inocente y que nuestra conciencia está tranquila.
Afirma que nos han tocado, pero no hundido… y lejos de hacernos perder la fe en esta sociedad nos han dado más fuerza para seguir luchando por un mundo en el que la Justicia sea auténtica, sin sectarismos, sin estar guiada por envidias; por acuerdos de pasillo.
Una Justicia que respeta a las víctimas, que aplica la ley sin miedo a las represalias. Una Justicia de verdad, en la que me han enseñado a creer desde que nací
.Pero sobre todo, les deseo que este golpe, que ustedes han voceado desde hace años, no se vuelva en contra de nuestra sociedad, por las graves consecuencias que la jurisprudencia sembrada pueda tener.
Hay quienes ven en el caso del juez Garzón vendetas o venganzas políticas de carácter internacional, aunque otro ven vinculaciones entre estas y los nuevos gobernantes identificados con la derecha española. En uno u otro caso es criticable, aunque humano y entendible, que la justicia pretenda ser utilizada por las autoridades en turno con fines diferentes a la justicia en sí misma.
Así se ve el caso Garzón en España y, con otros casos, así también se pretende ver la actuación de la Procuraduría General de la República en la atención a casos que tienen claras repercusiones políticas o electorales. El caso Garzón es ajeno, pero sirve de ejemplo para observar un espejo y tomar de la experiencia lejana, la enseñanza presente.