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Periodistas del New York Times podrán utilizar IA de forma legal
Oaxaca, Oax. 3 de junio de 2013 (Quadratín).- Se cumplió ya un semestre de que el gobierno encabezado por Enrique Peña Nieto, asumió la operación gubernamental y es deseable un balance objetivo, sereno, de los resultados, no con fines propagandísticos sino para detectar fortalezas y debilidades del equipo que lo acompaña, dadas la experiencia y las expectativas (bono democrático, dicen algunos) que se tienen.
Para nadie es secreto que en las instituciones policíacas y en aquellas responsables de impartir justicia existe la sospecha del abuso, la corrupción y la impunidad.
No obstante los costosos e inútiles pruebas y exámenes para impedir la inclusión de personal incapaz o de dudosa honorabilidad o limpieza de expediente y de conducta, no se ha logrado la tan llevada y traída profesionalización de esas instituciones.
Como en todo el gobierno, el llamado Servicio Civil de Carrera es una tomadura de pelo y una burla, porque los sistemas fueron inadecuados, pero también porque pocos creen que ese sistema, tan eficiente en Inglaterra o en Francia, en México no funciona, ni funcionará.
Estas consideraciones vienen al caso ante las palabras pronunciadas por el presidente Enrique Peña Nieto y por el procurador general de la república, Jesús Murillo Karam, en la reciente Reunión de Procuradores de Justicia del país.
El presidente Peña Nieto aceptó la necesaria reestructuración a fondo de todas las procuradurías de justicia del país, incluida la PGR, a fin de que su actuación sea implacable pero también impecable.
Este deseo, más bien desafío, es una meta que se antoja urgente para todo ejercicio de autoridad o gobierno justo, que sea impecable, es decir limpio, transparente, efectivo y eficiente, pero también implacable frente al abuso, la impunidad y la injusticia, atributos que se quedarían cortos si solo se aplican a las instituciones policíacas o de impartición de justicia.
El mismo criterio debiera adoptarse y adaptarse a la responsabilidad de cada una de las Secretarías de Estado, cuyos titulares han optado por el descanso, la ausencia, sino es que su inactividad ya se convirtió en el rasgo de su participación para la construcción de gobernabilidad.
En este momento la inactividad de los colaboradores presidenciales tiene como pretexto el proceso electoral en 14 estados del país en los que se debe ser cuidadoso de no transgredir la legislación electoral, aunque, inclusive antes de este periodo, no se les percibió preocupados por trabajar conforme a lo que se esperaba de ellos, ni siquiera frente a las urgencias del país a las que todos los días el presidente Peña Nieto se refiere, sin que ruboricen siquiera a varios de los miembros de su gabinete.
En la 29 Conferencia Nacional de Procuración de Justicia, acompañado por el jefe de gobierno, Miguel Ángel Mancera, el presidente Peña Nieto definió tres retos que tiene el sistema de procuración y administración de justicia del país: la profesionalización de las procuradurías, consolidar el nuevo sistema adversarial penal y aprobar la reforma constitucional que permita al Congreso expedir el Código Único de Procedimientos Penales y la Ley General Penal.
A su vez, el procurador Murillo Karam, tocó conceptos que van más allá de los procuradores y se antojan de obligación general: La libertad y la paz están ligadas a la certeza de la justicia, y en el debate no podemos quedar como un Estado pasivo, pero menos aún como un Estado represivo. Pero mucho menos, esto no lo dijo, pero es evidente como un gobierno inactivo.
El conocimiento de las reglas de conducta para los integrantes de la sociedad, las que aseguran equidad y el logro de las principales aspiraciones, sólo son posibles en un ámbito de paz.
El gobierno del presidente Peña Nieto cumplió su primer semestre, tiempo más que razonable en el que todo nuevo trabajador, empleado, empresario o funcionario domina su materia de trabajo, conoce sus alcances, sus posibilidades y obligaciones.
Pero también es el lapso en el que es posible valorar aptitudes, desempeño, compromiso y entrega. Hasta ahora, la mayoría de los miembros del gabinete actual han adoptado la misma conducta de sus predecesores panistas: dejar la chamba pesada al presidente y mantenerse flotando, casi sin moverse, no vaya a ser que su trabajo luzca, se note, cuando lo que buscan es que transcurra el tiempo y no haya novedades, todo siga igual, estático.
Impecable e implacable son dos conceptos que implican un desafío para una cultura de gobierno que ha entronizado la sumisión por encima de la responsabilidad; que prefieren la mal entendida discreción con desaparición, es decir que no lucen ni impecables y menos implacables.
Un balance es recomendable, sin autoelogios o críticas desmesuradas y sin sentido. El tiempo transcurre de prisa, más de lo imaginable.