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México y la semana aquimichú
Oaxaca, Oax., 12 de julio del 2011(Quadratín).- La ciudad quedó paralizada por el triunfo y no fue para menos.
El campeonato mundial obtenido por la Selección de Fútbol Sub 17 es un viento fresco que, desafortunadamente, pasará más rápido de lo deseable ante la magnitud de los problemas que enfrentamos.
El triunfo tiene mucha alegría y muchas paternidades pero también acarrea inconvenientes. La caravana de desempleados que seguía a los futbolistas que recorrieron algunas avenidas para hacer más mediático el triunfo.
Más dispuesta que de costumbre para bloquear calles al paso de manifestantes, elementos de la policía capitalina cerraron el tránsito por el Paseo de la Reforma y por Insurgentes para que los integrantes de la Sub 17, encaramados en un Turibus festejaran su éxito.
El estímulo y la inyección de un buen estado de ánimo son útiles para fortalecer la autoestima, la formación del carácter y el crecimiento. Fue indiscutible el resultado obtenido por los pubertos en su desempeño futbolístico, éxito que se convirtió en un logro y fiesta nacional.
Sin embargo, habría que construir en torno a los jóvenes futbolistas, hoy orgullo nacional, una gruesa y alta pared de protección de los interese políticos y económicos que ya los acechan o que, más bien, ya los han hecho presa de las redes de distorsión y corrupción.
Pasada la euforia por tomarse la foto con ellos y entre ellos; por engrandecerlos y llevarlos a los altares cívicos y convertirlos en útiles productos de la mercadotecnia comercial y política, éste triunfo debiera despertar un impulso por cómo garantizarles, al menos a este grupo, que la borrachera del éxito no les pierda y puedan regresar de este sueño.
En primer lugar habría que garantizarles educación aparte, por supuesto, de la capacitación y entrenamiento como futbolistas. Muchos de ellos tendrán la posibilidad de llegar a ser profesionales del balompié, pero quizá la mayoría por diversas circunstancias no alcanzarán ese estatus.
Deseable sería un proyecto que los convirtiera en prototipo o modelo para la juventud toda, para corregir el abandono en que el gobierno tiene, en general, a los jóvenes, sin acceso a la calidad de la educación y de la vida.
Ya corren las bromas de que ojalá estos jóvenes no cumplieran más años pues para no ir muy lejos a los 22 años pueden dar mucho que hablar sea porque consumen alimentos cargados de clembuterol o porque, sin darse cuenta, la daifas invaden sus habitaciones subrepticiamente, por decir lo menos.
No faltará marca comercial o partido político que ya haya pichado al joven símbolo Gómez y que acepte la candidatura a una diputación ahora que cumpla los 18 años o que alguno de ellos se convierta en actor de telenovelas y termine emulando a Cuauhtémoc Blanco de quien dicen, da toques de lo corriente que es.
El éxito, el triunfo convierte a estos pubertos en materia prima que el sistema empieza ya a echar a perder. Algo y alguien tiene que detenerlo.
Foto:Recreación Archivo