Oaxaca, Oax. 21 de julio 2012 (Quadratín).- Jacobo Ángeles, creador de alebrijes, no se considera artista ni artesano, “mi oficio es tallar nahuales”, afirma rotundo quien hoy es considerado un maestro del arte popular oaxaqueño por la gran creatividad y el fino acabado de sus piezas.
Con sencillez explica cómo realiza su trabajo en la soledad de su taller, en San Martín Tilcajete, rodeado de sus creaciones y cobijado por la cosmovisión de sus antepasados, cargada de un misticismo que nada tiene que ver con el amplio comercio que han alcanzado en las últimas décadas los alebrijes, al punto de que ya existen en el mercado réplicas chinas.
“Mi oficio es tallar nahuales, que en mi pueblo les dicen tonas. Las tonas, según la cosmovisión zapoteca, son animales que marcan nuestra vida desde que nacemos. Mi tona es el coyote. Por eso soy una persona cuidadosa y observadora”, comenta Jacobo.
Explica que en el calendario prehispánico existen 20 tonas: coyote, lagarto, armadillo, tortuga, serpiente, conejo, venado, rana, perro, chango, búho, águila, jaguar, mariposa, pescado, caracol, chuparrosa, tlacuache y cenzontle; la tona se asigna a cada niño de acuerdo con su día de nacimiento y el año.
“Cuando nací, el 14 de marzo de 1973, mi padre me talló un coyote y me lo colgó en el cuello: es tu tona, me dijo. En Tilcajete respetamos esta costumbre, por eso tallamos las tonas con madera de copal, la madera sagrada, una madera que se da en el monte y tiene sexo, porque hay copal macho y copal hembra, y su aroma es diferente. Yo utilizo los dos pero prefiero el copal hembra porque es más suave”.
Señala que en el caso del copal macho su corteza es roja, se pone a secar, después se muele y con la resina que produce el mismo copal, se combina 50% de corteza molida y 50% de resina para obtener un acrílico amarillo natural, muy durable, para pintar las piezas.
“Si mezclamos la corteza del copal con cal obtenemos pintura negra. Si en vez de cal le ponemos bicarbonato la pintura es color marrón. Estos tres colores: amarillo, negro y marrón se utilizaron para pintar los códices en Mitla y Monte Albán, y para decorar, después, las iglesias de Santo Domingo de Guzmán y Tlacochahuaya”.
Jacobo Ángeles asegura que pintar alebrijes para su pueblo es lo más natural pues lo vienen haciendo desde tiempos prehispánicos. Tilcajete significa el lugar donde se pinta, y por tradición aprenden a elaborar todas las pinturas que necesitan para decorar las tonas.
“Aprendí a tallar el copal con mi abuelo José Ángeles y mi papá Dionisio Ángeles, que desafortunadamente ya falleció. Ellos me enseñaron a buscarle la forma al copal para ver qué figura puede salir. Para mí, como dice el dicho, árbol que crece torcido, mejor, porque así uno le busca la forma de un animal”.
Dice que con el paso de los años aprendió a tallar animales de otros países porque a veces llegan personas de Estados Unidos o Canadá que le piden un oso, un búfalo o un borrego cimarrón. Para conocer mejor a estos animales compra libros para ver cómo son, cómo se mueven.
“Mis piezas llevan por lo menos seis meses para estar terminadas porque primero se talla la figura y eso lleva de cuatro a cinco semanas. Luego hay que poner la pieza a secar durante cuatro o cinco meses. Después se cura la pieza en un horno para matar los huevecillos de las termitas que suelen picar la madera. Por último la pinto”.
Hay personas que para obtener la pieza deseada tienen que esperar seis meses para tenerla en sus manos. Así trabaja Jacobo Ángeles cuyas creaciones son muy solicitadas por galeristas y tiendas de artículos artesanales del centro histórico. Actualmente, algunas de sus mejores piezas forman parte de la exposición Grandes Maestros del Arte Popular de Oaxaca, abierta al público hasta el mes de septiembre en el Centro Académico y Cultural San Pablo.