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Jordi Boldó presenta La Mirada Errante en Nuun Espacio de Arte
Oaxaca, Oax. 27 de abril de 2013 (Quadratín).- En la cárcel la imaginación del presidiario suele ser más libre y por lo tanto más creativa. Con un bolígrafo, unas pilas, unos cuantos cables y cinta adhesiva, es posible fabricar una máquina para hacer tatuajes. Los presos conversan en silencio mediante un alfabeto que dibujan con los dedos. La navaja de un rastrillo de rasurar tiene, entre los convictos, cientos de usos.
Ese mundo en cautiverio donde brilla el ingenio, es el que inspiró a Francisco Morales y Pedro Andrés a trabajar en la exposición titulada Cábula raza donde presentan lo que sus autores llaman Los rituales de lo manual o el arte de hacer todo con nada, con la reproducción de objetos, artefactos y procesos de los que se valen prisioneros para realizarse tatuajes o para comunicarse en secreto.
Francisco Morales, arquitecto y en algunas ocasiones pintor, explica que este proyecto inició cuando uno de sus trabajadores, ex convicto, le empezó a comentar cómo se había hecho los tatuajes que llevaba en el cuerpo.
Amablemente, él nos explicó cómo se hace un artefacto para tatuarse en la cárcel, cómo se fabrica tinta con base en ceniza, y accedió a hacer una demostración del proceso de tatuado en prisión, el cual documentamos en un video. También nos enseñó cómo los presos conversan en silencio, para que los custodios no se enteren, haciendo letras con las manos, relata.
Así fue como Francisco Morales y Pedro Andrés diseñaron en madera varios artefactos, entre ellos un cepillo, un corta uñas y una máquina de hacer tatuajes, y reprodujeron la palabra red con el alfabeto manual de la cárcel, con manos de fibra de vidrio.
Asimismo, elaboraron una instalación con pequeñas piezas en fierro fundido denominada Escoria con la cual suele definirse a los grupos sociales más problemáticos y desfavorecidos. Escoria también suele llamársele a los desperdicios que resultan de los procesos de fundición de los metales.
Otra pieza por demás singular es Arenalia de la fonética abecedárica que consiste en una caja con frascos de vidrio llenos de arena, unos con más y otros con menos arena, dependiendo de las veces que se repite una letra cuando se va deletreando el abecedario.
Después del desarrollo del alfabeto en escultura, descontextualizamos el tema relacionándola con la fonética del alfabeto recitado, aproximadamente el 36% de las repeticiones las ocupa la e, si hacemos el ocioso ejercicio de repetir las letras nos damos cuenta fácilmente del ejemplo a, be, ce, de e, efe, ge, etc
de ahí que la e tenga más arena que el resto de las letras, explica Francisco Morales.
Este proyecto es una muestra de manera sutil y pertinente de los límites entre la mirada científica y el cabuleo entre cuates, entre el proyecto artístico y el trasfondo político-social de un individuo ex-carcelario; entre la búsqueda formal – estética y la empatía con aquellas personas a quienes las convenciones y prejuicios sociales nos orillan a marginar, señala la tarjeta informativa de Cábula raza, abierta al público este fin de semana en el Instituto de Artes Gráficas de Oaxaca (IAGO), Avenida Juárez número 203, Centro Histórico.