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Tareas de Claudia sin AMLO: economía y Casa Blanca
Oaxaca, Oax. 11 de septiembre de 2011 (Quadratín).-
-2012: incertidumbre política
-Crisis y protestas en ascenso
Aunque en los tiempos del calendario electoral hay una lógica que plantea sus propias necesidades, de todos modos no pasa desapercibido el hecho de que hasta ahora ninguno de los precandidatos visibles ha podido elaborar un discurso serio y coherente de propuesta para atender la nueva fase de la crisis. Hasta ahora se han concretado a asumirse como los candidatos visibles y a verse en las boletas de votaciones de julio próximo.
Sin embargo, el escenario nacional no puede ser más apretado: la crisis económica internacional, la recesión estadunidense, los grandes debates sobre contrarreformas económicas en Europa, la dispersión en América Latina, las movilizaciones de las rebeliones sociales sin horizonte político y la caída de los dictadores africanos. Pero más que conflictos encapsulados en países y regiones, como nunca el mundo enfrenta la que sería la primera gran crisis de la globalización.
El problema de la crisis no es de gestión de gobierno o de sobresaltos nacionales. La crisis presenta tres puntos precisos:
1.- Las políticas de desarrollo tradicionales, conservadoras y liberales, llegaron a su punto máximo por carecer de opciones de flexibilidad y por el tamaño de la demanda social. Lo peor es que los gobiernos socialdemócratas estallaron con las dos crisis del primer decenio del siglo XXI y abrieron paso a los gobiernos conservadores, pero éstos no tardarán en agotarse.
2.- Las movilizaciones sociales han marcado el hartazgo de la sociedad, sólo que protestan contra la democracia socialdemócrata y con ello consolidan la democracia conservadora que tampoco dará respuesta a sus necesidades; lo peor es que las rebeliones sociales han derrocado gobiernos pero carecen de propuestas de desarrollo y de gobernación de sus países.
3.- En el fondo, las naciones enfrentan la más severa crisis del Estado de bienestar keynesiano que se fundó después del colapso bursátil de 1929, con la certeza de que al Estado keynesiano le falló la política económica por el lado de los ingresos y se prodigó por el lado del gasto; pero a pesar de ello, la socialdemocracia en todas sus versiones insiste en utilizar el gasto público para fabricar el bienestar y la derecha no tiene pensamiento económico para catapultar la creación de la riqueza como el factor del desarrollo.
México ha padecido los efectos de la crisis; el modelo de desarrollo actual apenas tiene capacidad para ofrecer bienestar al 40 por ciento de los mexicanos, dejando al 60 por ciento fuera de las posibilidades del desarrollo. Y ello ha ocurrido con gobiernos nacionales priistas y panistas y en gobiernos estatales perredistas. En el fondo, se trata del agotamiento del pensamiento económico priista, pero sin que el PAN o el PRD hayan querido y luego logrado crear un nuevo pensamiento económico posterior a las diferentes crisis padecidas.
La gran incertidumbre del 2012 no radica en saber quiénes serán finalmente los candidatos presidenciales del PAN, del PRI y del PRD ni adivinar quién va a ganar las elecciones, sino en tener las certezas de que quien gane va a seguir por el mismo rumbo del desarrollo con las limitaciones en la fabricación, producción y distribución de la riqueza. Como se encuentra en la actualidad, la economía no puede crecer más allá del cuatro por ciento sin generar presiones inflacionarias y devaluatorias, pero con esa cifra apenas podrá satisfacer entre el 40-60 por ciento de las demandas de nuevos empleos en el sector formal para la población económicamente activa que cada año se incorpora a la fuerza de trabajo.
Lo que ya no satisface las demandas sociales es el modelo de desarrollo. Pero ningún partido, precandidato o fuerza social ha abierto el debate al respecto. El problema es de pensamiento del desarrollo, pero ocurre, por ejemplo, que la UNAM ha hecho propuestas de reforma económica y se ha quejado de los jóvenes que no alcanzan educación pública o que salen egresados y en el desempleo, pero la máxima casa de estudios sigue en la vieja dialéctica Estado-neoliberalismo y no es capaz de redinamizar sus centros de pensamiento político, filosófico, sociológico, económico y de administración pública.
Los grandes temas de la incertidumbre nacional con miras al 2012 se podrían enlistar en cinco:
1.- La alternancia limitada en 2000 y 2006. La transición política y electoral mexicana fue exitosa en el 2000 y enfrentó sobresaltos en el 2006, pero no condujo a la reformulación del sistema político. Los problemas de los gobiernos panistas de Vicente Fox y Felipe Calderón se ilustran con los mensajes de las encuestas sobre la tendencia adelantada del PRI para regresar a la presidencia, pero con un PRI que no ha cambiado y que podría representar la restauración del viejo régimen.
2.- Los problemas al interior de los partidos, las disputas entre precandidatos y la reforma política frustrada que no se atrevió a reorganizar la estructura de elecciones. Las crisis de los partidos no derivaron en la reorganización de esos organismos de representación política, confirmando tan sólo su función como oligarquías de la clase dirigente. Ello contrasta con la exigencia social creciente para candidaturas independientes porque las nominaciones de los partidos responden a los grupos de presión de cada organización y no se han preocupado por abrir candidaturas ciudadanas.
3.- Los escenarios prospectivos, las tendencias de las encuestas y sus claves secretas y las cifras electorales presidenciales de 1970 al 2006. Aunque el PRI sigue con una ventaja cómoda, una encuesta de Consulta Mitofsky hizo un comparativo entre la situación política de ahora en el 2011 con la que existió en verano de 2005: hace seis años el PRI tenía delantera y López Obrador aparecía como candidato con veinticinco puntos de ventaja, con la sorpresa final de que el PAN ganó las elecciones de julio de 2006.
4.- El contexto crítico: las elecciones presidenciales en los Estados Unidos, las dificultades de reelección del presidente Barack Obama, el colapso de los Estados de bienestar, la crisis de la seguridad pública y las revueltas sociales que se presentan casi como fichas de dominó. Problemas en los centros económicos y dificultades nacionales exigen posicionamientos de los precandidatos sobre temas torales, pero hasta ahora nadie se ha atrevido a aventar hipótesis para no quemar posibilidades en la nominación interna. Los tres escenarios nacionales serán delicados: seguridad pública, crisis económica y movilizaciones sociales.
5.- La crisis económica de los Estados Unidos y de Europa y las restricciones de la estabilidad macroeconómica en México. Las expectativas cada vez inevitables de un nuevo ciclo recesivo, cuando aún no salía el mundo de la crisis de 2007-2008, hacen ver un panorama negro: si bien no una depresión, sí un periodo largo de seis años de crecimiento económico moderado sin creación de empleos. El desempleo ha generado movimientos de protesta nacionales en varias partes del mundo y han entorpecido procesos electorales.
Hasta donde existen posibilidades de análisis, el proceso electoral del 2012 obedecerá a una lógica de los partidos y de sus élites y no existen condiciones para atender las exigencias sociales. Por tanto, los riesgos de la restauración (con el PRI) o del estancamiento (con el PAN) o el caudillismo mesiánico o mediático (con el PRD) tienen más certezas que la necesidad de profundizar la transición política y emprender con decisión la instauración de una nueva democracia que no se agote en los procesos electorales sino que tenga que ver con un nuevo sistema de toma de decisiones para el desarrollo.
De ahí que la incertidumbre sea el sello característico del 2012 y que casi no haya espacio para la esperanza o cuando menos para la ruptura de los escenarios restringidos que ofrecen partidos y precandidatos presidenciales. Lo que está en juego en el 2012 no es la institucionalidad del proceso electoral –el 2012 resistió las peligrosas maniobras de ruptura constitucional de López Obrador y el PRD–, sino el hecho de que partidos, instituciones electorales y precandidatos no están a la altura del desafío de reconstrucción del proyecto nacional de desarrollo con bienestar y democracia.
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