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Oaxaca, Oax. 17 de octubre de 2012 (Quadratín).-Barrunta tormenta, esta es la hora de acercarse a algo, una deidad, un pensamiento, que nos proteja y nos guíe en este medio de oscuridad en que habitamos. Nada mejor, en esta situación, que acercarse a los ensayistas ingleses. Sale a mi recuerdo G. K. Chesterton. Digo su nombre y el mundo se aclara. Este es una recopilación de cuatro apuntes de lector, subrayados, tomados de ese escritor inglés que quisiera compartir contigo, caro lector:
El ensayo es el único género literario cuyo propio nombre reconoce que el irreflexivo acto conocido como escritura es en realidad un salto en la oscuridad.
En realidad uno no escribe un ensayo. Lo que hace es ensayar un ensayo.
El ensayo perfecto no se ha escrito nunca, por la sencilla razón de que el ensayo no se escribe. La gente ha tratado de escribir para tratar de descubrir lo que se supone que es. En ese aspecto, el ensayo es un producto típicamente moderno y está inspirado por el futuro y las alabanzas de la aventura y los experimentos.
Santo Tomás de Aquino, con su sentido común, dijo que ni la vida activa ni la contemplativa podían vivirse sin relajarse con juegos y bromas. El teatro o la épica pueden considerarse la vida activa de la literatura; el soneto o la oda, la vida contemplativa. El ensayo es la broma.
Bien. Dejemos por un momento al inmenso Chesterton, que tanta luz arroja sobre nuestras mentes y nuestras almas penitentes.
Cuando alguien se para a la mitad del foro y expresa a todo pulmón: quiero dedicar mis días a escribir, quisiera llegar a saber de qué está hecho mi corazón, hacia dónde empujan las divinidades mi alma. Y para lograrlo sólo hay una forma: la escritura.
Hasta ahí la escena. Supongamos que esa persona, hombre o mujer, es un adolescente descarriado en el cúmulo de hechos en que se mira envuelta nuestra sociedad: políticos, económicos, gremiales; de la delincuencia organizada y su combate por parte de la fuerza pública, en fin. Un adolescente como los hay muchos por estos días.
Suponiendo que a ese individuo, que un adolescente lo es, aunque muchos no quieran reconocerlo así, especialmente los padres, le llega un libro a sus manos. Lo lee y sale de la lectura con esta convicción: voy a ser escritor.
Desde luego la persona, por lo regular siempre resulta ser un adulto, que puso en las manos de este menor de edad aquel libro que tanto lo impactó nunca llegará a saber que ese acto bien intencionado generó un tipo de vida, un oficio.
Pero regresemos al sujeto del comentario: el adolescente. Para detenerse a la mitad del foro y expresar algo tan íntimo y personal como a qué va a dedicar el resto de su vida, que podría ser mucha, requirió de mucho valor. Mucho valor y un muy amplio sentido del humor.
Porque, bien visto, nadie sabe si tendrá un mañana. Ni a qué carajos va a dedicar las horas que le restan de existencia en este mundo ni qué chingados tiene en su interior y cómo llegará a saberlo.
Pero, vamos, ahí es donde resalta la figura de escritores tan simpáticos e ingeniosos como Chesterton, que le dice al pan pan y al vino vino, sin sentirse no más que un adolescente.