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Tareas de Claudia sin AMLO: economía y Casa Blanca
Edificio 8, piso 3
Oaxaca, Oax., 19 de octubre de 2011 (Quadratín).- En todos los tiempos, desde siempre, este fue un valle de agua. Ahí está el Árbol del Tule para corroborarlo; pero ahora edificios del gobierno levantan su figura. Esta es la moderna Ciudad Administrativa.
El conjunto de ocho edificios está agrupado en tres moles que se distinguen desde cualquier punto de los Valles Centrales. Sobre los patios de cemento se esparcen campesinos y gente pobre en espera de que alguien solucione los problemas de convivencia social y desarrollo de sus localidades.
Los que ahí esperan respuesta a sus peticiones, calzan huaraches y sombrero. Las mujeres llevan trenzas atadas con listones de colores chillantes y mandil largo. Hablan un español cuatrapeado, porque son monolingües y creen o les han dicho que en la ciudad sólo se habla español. Gente con la ropa llena de polvo. El polvo que cae sobre una persona en toda una vida.
Burócratas de quinta, o con actitud de perdonavidas, de esos que tienen amigos en la prensa, atienden a una multitud de rostros morenos: hombres y mujeres, niños y ancianos, reciben los regaños del funcionario:
___ ¡Muestren educación¡ -dice.
___ ¡Educación la tenemos, lo que no tienen ustedes es respeto por el pueblo una voz.
___ ¡Nosotros somos la razón de que ganen buenos salarios, dennos atención¡ -otra voz.
___¡ No nos vamos hasta que nos atiendan¡ -otra voz, muchas voces, casi gritos.
El sol cae a plomo en algún día de la semana, de algún mes, de todos los años en estos Valles
Centrales, en esta Ciudad administrativa. Sol que no sólo castiga los cuerpos de quienes golpea sino el alma y los corazones de mujeres y hombres. Adentro de los edificios la burocracia y los funcionarios con sus recomendados que alcanzar a pasar las puertas de cristal vigiladas por hombres armados, gozan de elevador y aire climatizado. Como si estuvieran en amena convivencia en reunión social de cumpleaños.
Para esta gente los salarios llegan con puntualidad, cuentan con servicio de computadoras e internet, café y galletas. La realidad de sus vidas nada tiene que ver con la realidad cotidiana que enfrentan tres millones 300 mil oaxaqueños que diariamente salen a la calle a ganarse el pan de cada día, la sobrevivencia en los mares y costas, campos de labranza y tierras de sembradío, la ciudad.
La vida es dura para quienes habitan sin cargo en el gobierno los 570 municipios que conforman el territorio estatal, lo que nos hace poseer más, menos-, el 25 por ciento de la división política de este país que ocupa a nivel mundial el noveno lugar en extensión territorial y un puesto dentro de la lista de las diez primeras economías del mundo.
Los que comen sol en los patios de la Ciudad Administrativa, mujeres y hombres, tienen cara de desvelo. Toda la madrugada comieron frío: un frío perro, de ciudad, donde no eres persona, ni un número, ni nada. Una ciudad donde no eres nadie. Al mediodía comen este sol cruento, urbano; sol que alimenta a la masa, al conglomerado humano. Pero los que se manifiestan, los que vienen de los pueblos, no saben ser más, porque tienen nombre y apellido: Juan, Pedro, María, Guadalupe.
Los que habitan en las oficinas gubernamentales no tienen nombre propio, son masa: son los que ven las noticias por la tele, los que escuchan el noticieros de radio mientras conducen el auto que deben y pagan en incómodas mensualdades, los que acuden cada quincena al súper a hacer la despensa y se guían por la línea amarilla de los descuentos de temporada.
Son los Señorita o Licenciado; o Lic., y Señito. Así se las gasta la gente de la ciudad: se ocultan en la masa. Su actividad cotidiana nada tiene que ver con su vida cotidiana, propia. Su trabajo sólo es el espacio donde se gana la vida, donde acude para que le paguen: como los maestros. La mayoría de estas personas se ganan la vida, les pagan, por hacer un trabajo que no les agrada; lo que es más: que les molesta.
Los que están abajo esperando que los reciba la gente del gobierno tienen nombre propio, provienen de un pueblo, un municipio, una localidad. Para ellos es necesario que el gobierno les entregue una repuesta, positiva o negativa, pera que vayan a comunicarla a su lugar de origen: porque tienen un compromiso con su gente y parte de ese compromiso es volver e informar lo que en la ciudad les dijeron.
Por ese compromiso con su gente vinieron a la ciudad a comer sol y frío en la ciudad. Y la indiferencia de los pequeños funcionarios, porque no visten como ellos: corbatas de tianguis y traje Milano.
Junto al patio donde se amontona la gente en espera de respuestas del gobierno, abre sus puertas una sucursal bancaria. Una construcción bella, con toldo moderno como sombreado para comodidad y confort de los clientes. Y en la oficina comercial impera el aire acondicionado.
Los campesinos observan esta oficina bancaria desde el patio inundado de sol como si observaran su sueño más caro, irrealizable.
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Foto:Archivo