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Presenta ILEO decálogo de las lenguas originarias de Oaxaca
Oaxaca, Oax. 3 de junio de 2013 (Quadratín).- En tiempos de campañas electorales los habitantes de la ciudad no tienen descanso, ni en domingo. Agobiados por la pobreza cotidiana, ¿cuánto cuenta un litro de leche?, ahora resienten el ruido de la propaganda política.
Señores que no son reconocidos ni por la madre que los parió buscan la simpatía del elector. Suena por las calles la propaganda con su ruido que sale de vehículos armados con recios altoparlantes mientras pasan ante nuestros ojos digitalizadas fotografías espectaculares. Acechan. Ninguna calle de la ciudad se salva del estruendo.
El centro histórico, las enlodadas calles de las agencias municipales, en las colonias de la periferia. ¿Cuánto cuesta el litro de gasolina? ¿Quién será el propietario de esta compañía que contamina tanto y tan impunemente? Ni los políticos que se anuncian tienen idea del precio del litro de gasolina. La ciudad arde de calores y propaganda política.
El ciudadano de a pie en este inicio de temporada de lluvias padece la desmemoria de las goteras. ¿Sabrán las señoras de la política cuánto cuesta el precio del bote de impermeabilizante o de un rollo de esa infeliz lámina de cartón? Las señoras de la política, tan bellas. Tan fotoshopeadas. Rostro limpio, axila blanca. Nada que ver con las vecinas de la colonia, morenas de estatura baja. ¿Tendrán las mujeres de la política el valor que se requiere para formarse en la cola de un puesto de salud del gobierno para que le den consulta a su hijo que se le muere de enfermedad curable en los brazos? Las señoras de la política, tan bellas ellas, tan dispuestas en su reino de equidad de género. En las leyes que regulan la vida de los partidos políticos. Tan confiadas en el poder de sus nalgas, en la contundencia de su cartera. La propaganda política exige militancia, voluntad electoral, simpatías. La política, montada en el demonio del mercadeo llama con ruido a sus clientes. Como una joven en la esquina de Zaragoza. ¿Sabrán las aspirantes a una curul de la sobrevivencia que padecen cientos de mujeres en las calles de Zaragoza o del Periférico? Esas mujeres que mandan besos a nadie con su boquita pintada. En la mañana del domingo el sol se esparce inclemente sobre el rostro del desesperado mientras allá arriba, muy arriba, un cielo negro barrunta tormenta mientras pasa en nuestra calle la camioneta de la propaganda.