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Presentan en Oaxaca exposición fotográfica itinerante Ojos
Oaxaca, Oax. 31 de mayo de 2013 (Quadratín).- Lo encadenó su mujer a un tanque de gas pero logró alcanzar la calle a rastras. El Merolico ataca de nuevo. En sus días de la sobriedad vende pomadas milagrosas en una esquina de la central de abastos. Remedios infalibles contra todo dolor de espalda que tenga su origen en la inflamación del hígado, caídas, torceduras o congestionamiento en los riñones.
Ungüentos que enderezan la mirada a los viejos que se enamoran de las adolescentes. En un tiempo fue ratero conocido, pero su mujer, sus hijas, lo quitaron de esa fea costumbre.
Enderezó su vida, levantó patrimonio. En los días dela sobriedad limpia su terreno con el machete, lleva a su familia al templo evangélico, lee la biblia y cuida a sus nietos. Cuando agarra la borrachera su gente tiene que esconderle todo. El machete, la biblia, su camisa del domingo para la oración. Ebrio de mezcal pierde sus días en la calle del puente del arroyo.
La bebida le hace olvidar familia, terreno, pomadas para el milagro. Se convierte en uno más de los presta diez o te pego. Lo tienen que amarrar con cadena a la puerta de su hogar. Desde ahí, desde la puerta de su casa, contempla el correr calmo de las aguas del arroyo, el paso lento del alcohol por su cabeza, los gritos sin enojo de la banda de borrachos del arroyo. A pan y agua le cura su familia la borrachera. De su puerta se levanta un día bueno y sano y aborda un camión que lo deja en la esquina del mercado de abasto donde realiza su comercio de aquella Pomada Milagrosa del Jorobadito.