Oaxaca, Oax. 29 de mayo de 2013 (Quadratín).- La lluvia se anticipa al juego de pelota. Ya no suspenderán el encuentro por lluvia. Los burócratas regresan a casa en medio del diluvio. 3:30 hrs. Pero aguantan vara con tal de llegar al estadio con buen tiempo: estrellas en el firmamento y viento ligero en la grama. 7: 30, la hora mágica.
La ciudad entera atenta al resultado del juego. Medio mundo en el parque de pelota. El otro medio mundo pendiente del resultado. Los taxistas siguen el partido por la radio mientras conducen por calles desoladas. En la esquina el taquero no pierde detalle de las jugadas a través de su portátil radio receptor, en medio del rugir de la cebolla y el cilantro y el blanco suspiro del cuchillo afilado. Los cines ofrecen función para nadie. Las esquinas ocultan, se desviven por sus ausentes parejas de enamorados. El circo brinda su programa para leones y jirafas, caballos enanos e hipopótamos inconmensurables.
Desde los cerros que circundan la ciudad se puede observar el ojo ciclópeo en que se convierte el diamante de juego en esta noche de partido. Ese brillo de luz que nos llama y convoca desde el fondo de la inmensidad del valle oscurecido y húmedo.

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