A Zury, en esta hora ingrata

Oaxaca, Oax. 27 de mayo de 2013 (Quadratín).- La lluvia pasa. El cuerpo ensopado en sus recuerdos, y el puerto con sus lanchas de motor fuera de borda amarradas puesto a baño María en medio de una nube de mosquitos.
Y la mano, ansiosa que busca insaciable en la oscuridad la comba protectora de una cadera de mujer; verdadero cielo del que desespera porque sólo encuentra el acero del bolígrafo y las tapas duras del cuaderno; y el aire caliente cargado de insaciables mosquitos entre sábanas blancas inmensas.
‘Bulevar’ del mal vivir, también llamado de los sueños rotos, dice Sabina. Canta. El cuaderno se abre como fosa que recibe a su muerto fresco, tierra húmeda con raíces partidas por mitad, escarabajos de la putrefacción exhibidos a plena luz del día en tanto que en las hojas blancas de toda escritura posible se va registrando esta letra como hilera de hormigas arrieras que hacen engordar el nido con su carga mientras las olas y el mundo revientan en la salinidad sin medida de Playa Marinero.
Y está Sabina, que nos mal aconseja y nos pone a la luz de una vela. Y el calor que ensopa cuerpos y sábanas, y lanchas fondeadas ahí nomás en la bahía. Y esta maldita ausencia de mujer que confirma lo dicho por el tal Sabina. Y el maldito alcohol que tarda siglos en recorrer la distancia que separa mis labios de mi alma. Y tu cuerpo de mi cama, lejos. Y mis ojos que nunca más se reflejarán en el brillo de tus dientes, seguramente.
Y así, de esta forma es que la lluvia trae las embarcaciones menores a la bahía, a puro miedo de que ocurra lo peor; y es la misma lluvia que levanta todo el calor de la arena y nos sumerge en la nube de mosquitos y nos ensopa el cuerpo cargado de recuerdos del cuerpo de una mujer de pestañas largas, unas piernas recién salidas de la palma de mis manos, lo recuerdo clarito ahora; y una sonrisa de mujer enamorada donde se alcanza a ver mi rostro encanecido. Ya.