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México no se arrodilla ante EU, ya está postrado ante el narco
Oaxaca, Oax. 15 de marzo de 2013 (Quadratín).- La joven mujer sale de una casa con portón rojo. Lleva pantalones ajustados, zapatos rojos de tacón alto, el cabello humedecido. Junto a ella suena la campana del camión del servicio de limpia que arrastra la imagen de mujeres con tubos en los cabellos y pantuflas. Grafiti. Los pájaros al amanecer brincan como ratas hambrientas sobre el patio de mi casa. El agua cayendo sobre los cuerpos amados, dispuestos al día, es el principio de todo lo creado. La jornada inicia con la migración a las calles de las mujeres jóvenes de la ciudad. Las jóvenes se alistan para iniciar la jornada de trabajo en domicilios particulares, establecimientos, universidades y burdeles. Son las dependientas en comercios de toda índole. Fijos, semifijos. Reciben insultos sobre su figura en perfecto español. Gastan su dinero en utensilios que se colocan en el rabillo del ojo, en la punta de las pestañas; en perforaciones de nariz, labios, orejas. Andan por las calles de la ciudad con los ojos puestos en el futuro. Pero les quita la cabeza un tema viejo: el sustento de su cuerpo. Comida, frita, papirrín. Algún alcohol. Algún tabaco. Una diversión que habla y camina y pide de comer tres veces al día. Esto transcurre entre las jóvenes mujeres de la ciudad hasta que revienten los tubos en su cabeza en ese amanecer que las encuentra con gritos y pantuflas. Sombrero 13/migraciones. El viento ligero de hoy, el viento de siempre, es una bestia tranquila que muerde los cuerpos.
(*Dedicado a los alumnos de sistema abierto Cobao, plantel colonia Alemán, esos jóvenes que por vivir su propia vida fueron expulsados del paraíso del sistema escolarizado, formal.)
Foto: Archivo