
Las pugnas arancelarias y el efecto Trump
OAXACA, Oax. 4 de octubre de 2013 (Quadratín).- Cuando la lluvia persigue a los gatos en el tejado pongo orden y limpio mi casa.
En la noche levanto mis pantalones de la silla. Recojo mi sombrero de la ventana, enjuago la loza.
Dispongo los tenedores en la vitrina. En el cuarto de baño encuentro cabellos, diademas, donas para atar la trenza. El baño es el sitio de la mujer para arrumbar el paso de los amores.
Ellas pueden despojarse de zarcillos, adminículos de plata con que adornan el ombligo, la ceja, las orejas. La lengua.
En el baño dejan sin que nadie haga preguntas el broche de la blusa, la peineta de sus cabellos.
La diminuta medalla con figura de tecolote, ojos negros de hermosa pedrería, alas pobladas de brillantes que se pierden entre el seno salino.
En la noche del aseo todo lo perdido en el trámite del amor aparece, y el pasado de los amores vuelve a ser presente perpetuo.