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México y la semana aquimichú
Oaxaca, Oax. 01 de julio 2012 (Quadratín).- La jornada electoral es una etapa del proceso electoral que consta de pre-campaña, jornada electoral, cómputo y escrutinio y justicia electoral. El día de la jornada electoral ha variado durante nuestra historia. De acuerdo a la ley electoral de 1857, el día de las elecciones primarias se estableció el último domingo de junio y el segundo domingo de julio para las jornadas secundarias. De acuerdo a la ley electoral de 1918 se fijó como el día de la jornada el primer domingo de julio, esta disposición estuvo vigente hasta 1987 en que se cambia al primer miércoles de septiembre. El cambio al que la jornada sea entre semana y no en domingo se fundamentó en que al dar a las personas un día feriado podrían asistir mayormente a votar, sin embargo, el ciudadano no respondió a esta expectativa.
El Código de 1990 cambió el día y fecha de la jornada electoral al último día domingo de agosto; de acuerdo a la ley vigente el día de la jornada es el primer domingo de julio.
Un problema que se presenta el día de la jornada es la ausencia de los integrantes de las mesas directivas de casilla. Este problema no se presentaba en las elecciones del siglo XIX porque los ciudadanos con derecho a votar se reunían en juntas y eran éstas, las que designaban a los integrantes de tales mesas.
La ley electoral de 1911 previa el nombramiento de un instalador propietario y un suplente, con fecha límite el 16 de abril, este instalador no sólo instalaba la casilla, valga la redundancia, sino que también la presidía; también se designaba a dos escrutadores con fecha límite el 15 de junio siguiente. Si a las nueve y media no se presentaba el instalador propietario, entraba en funciones el suplente; en ausencia de ambos, asumía el cargo uno de los escrutadores; en su defecto una de las personas que nombraba el instalador de entre los representantes de los partidos políticos, y a falta de ellos, uno de los ciudadanos empadronados en la sección, prefiriéndose a alguien de los que estuvieran presentes. Esta manera de sustituciones, con las variantes del caso dominaría la legislación electoral subsecuente.
La ley de 1946, al restablecer el sistema modificado de nombrar previamente a los funcionarios de casilla, dispuso que si a las nueve de la mañana no se presentaba el presidente actuaría su suplente; si después de media hora no estuviera ninguno de los dos, la casilla sería instalada por un auxiliar del comité electoral distrital respectivo, en caso de haberlo y si no por los representantes de todos los partidos políticos o de los candidatos contendientes, si se conformaban a ello.
Al reformarse la ley en 1949 se adelantó la apertura de la casilla a las ocho en lugar de las nueve de la mañana.
El Código de 1990 señala que a falta de los propietarios deben ser sustituidos por los suplentes; que los nombramientos de la mesa directiva de casilla, en sustitución de los propietarios y suplentes faltantes, deben ser hechos por el presidente o su suplente, escogiéndolos de entre los lectores que se encuentran en la casilla para emitir su voto. Si tampoco están éstos, el consejo distrital debe hacer la instalación. Si el consejo distrital no lo hace, por razones de distancia o dificultad, los representantes de los partidos políticos podrán designarlos; pero en este último caso, se requerirá la presencia de un juez o notario público o, en su ausencia, la expresa conformidad de los representantes, y por último, se advierte que en ningún caso podrán recaer los nombramientos en dichos representantes. Este procedimiento no cambia en lo substancial con la actual ley electoral.
Algunos partidos políticos han dispuesto, por estrategia, enviar a sus militantes como los primero en la fila para tener el control de la casilla.
Viejas prácticas para burlar la voluntad ciudadana, cuestión que se acabará con el voto electrónico.
La distribución de la casilla y desde luego su ubicación ha sido un problema para facilitar la votación del ciudadano, las casillas especiales y las extraordinarias han tratado de resolver el problema.
En algún tiempo se hizo la encuesta al ciudadano de que si la casilla estuviera en su casa acudiría a votar, el 100% contestó que desde luego. Esta contestación abre la posibilidad que el voto por internet o el llamado voto electrónico puede aumentar la participación ciudadana, pues de eso se tratan las elecciones y otorgarle mayor legitimidad a los gobernantes en turno. Debemos de superar la era del papel en nuestras elecciones.
El viejo filósofo Juan Jacobo Rousseau decía que es en las elecciones donde el pueblo expresaba su plena libertad y después de ella volvía a la cotidianidad de la servidumbre, en este sentido, vayamos a las urnas para que seamos corresponsables y también plenamente libres, aunque sólo sea por un minuto.