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Reforma de maíz transgénico: ¿camino a soberanía alimentaria de México?
Oaxaca, Oax., 27 de noviembre de 2011 (Quadratín).- Después de la serie de reflexiones que hemos hecho sobre el gobierno de la alternancia y después de evaluar su desempeño durante casi un año, podemos concluir que uno de los cambios más importantes que ha sucedido en nuestro régimen político durante el año de estudio, es la sustitución de la política y de su ejercicio por el usufructo, llanamente y vulgarmente, del poder.
Si bien es cierto, que el poder es parte integrante de la política, no es su esencia, mas sí su producto más negativo. La simple lucha por el poder es la mejor manera de envilecer a la política; por la política vivimos en sociedad y cuando ella falla, como no somos dioses, acabamos siendo la peor de las bestias. De ninguna manera la política, es un instrumento para el bienestar personal privado, sino como un vivere civile, sin el cual no hay vida, humanidad ni libertad plenas. Siguiendo a Aristóteles, la política no es propia de los dioses ni de las bestias: los primeros obran con justicia, por tanto, no necesitan de la política para dirimir sus diferencias, los segundos no tienen la capacidad de entenderse y progresar colectivamente.
Lo que ha sucedido en Oaxaca, donde los procesos democráticos genuinos fueron suplantados por estrictas luchas por el poder, a través de mecanismos formalmente democráticos, por eso afirmamos que vivimos en un régimen de simulación democrática.
La lucha encarnizada por el poder político en el nuevo régimen, que por esta razón, es patrimonialista y despótica, produce o genera malos políticos. Recientemente el gobernador Gabino Cué llamó la atención a todo su gabinete, incluyendo al ampliado, por los malos resultados obtenidos en el primer año de la gestión de gobierno de la alternancia, esto explica que la gran mayoría de los funcionarios públicos del gobierno patrimonialista son malos políticos. Y son malos políticos, porque de acuerdo a lo que hemos visto, intuido, percibido y analizado durante el año de la gestión del gobernador Gabino Cué, podemos decir, que niegan y desconocen la realidad, no solamente la niegan y desconocen en cuanto malos políticos, la falsean y presentan imágenes alteradas que producen ilusiones, temores y esperanzas.
Asimismo, como operadores políticos, siguen a partidos caudillistas, fragmentados y de baja institucionalización, tales como los son el PRD, el PT, el Movimiento Ciudadano y el Pan.
Los políticos de la alternancia se saben manejar en las alcantarillas del financiamiento político; usan las redes clientelares electorales con lo que demuestran ser plenamente reaccionarios; asignan empleos públicos en una administración patrimonialista; gestionan mayorías parlamentarias ocasionales y tranzan con los votos de los legisladores; intermedian con el sector privado, la producción de leyes y reglamentos, así como de adjudicaciones y licitaciones públicas; en fin, negocian la concesión de beneficios y exenciones. Por lo anterior, han merecido el repudio ciudadano y han desprestigiado a la política.
Por el contrario, los buenos políticos, que son muy escasos en este nuevo régimen, volvemos a insistir, que es mucho peor que el anterior que se supone quieren desmantelar, no engañan ni engañan con la realidad; no renuncian a un ideal, tienen proyectos, tienen estrategias.
Más de las veces desarrollan el buen juicio político, aceptan las anomalías, las amenazas y oportunidades; soportan la presión, proponen metas creíbles. Los buenos políticos mueren aprendiendo, y para aprender, practican permanentemente las disciplinas que les ayudan a dominar su oficio; el buen político no desarma la ideología para creer en el pragmatismo oportunista.
Como ha dicho acertadamente, Joan Prats, en un artículo publicado en la revista Gobernanza, del 28 de julio del 2004 el mero operador político conoce personas y hechos, gestiona conflictos y compra ambiciones, pero no tiene rumbo. Pone su conocimiento, como máximo al servicio de las próximas elecciones. No sabría ponerlo al servicio de las próximas generaciones, porque no tiene visión sistémica, no tiene metas y propósito de cambio. Su pasión por el poder se agota en sí misma. Para él, el poder no es instrumental para el desarrollo humano.
Qué triste realidad para Oaxaca, que el dichoso cambio ha significado la llegada de malos políticos y de la existencia de pocos buenos políticos. Por esta razón, el futuro de Oaxaca está entredicho, no es seguro; la gobernabilidad ya tiene serios déficits que no se resuelven con la sola voluntad del gobernador. Tampoco sus partidos ayudan mucho, pues ocupan su tiempo en la rebatinga por el poder, por la manipulación y por las prebendas. Sin embargo, no hay que perder la esperanza, pues siempre habrá un oaxaqueño que morirá de cara al sol, como lo expresa acertadamente el himno serrano.
Nota al calce: esta es la última colaboración en que abordaremos el gobierno de la alternancia, pues los nuevos gobernantes ya dieron color de lo que son capaces y de lo que son incapaces; con lo que hemos escrito, los ciudadanos tendrán un juicio sobre el carácter del nuevo régimen. En nuestras próximas colaboraciones en este espacio que nos brinda generosamente El Imparcial, abordaremos el tema que hoy, es de interés general, esto es, las elecciones federales. Lo haremos de manera didáctica y simple para la debida compresión de todos los ciudadanos que nos honran con su lectura. Deseo firmemente que a Oaxaca le vaya bien y en especial a sus pueblos y comunidades originarias.