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TCL-aranceles con narco: CSP la toma o la derrama
Oaxaca, Oax. 27 de enero de 2013 (Quadratín).- Se puede decir que un pueblo tiene una elevada cultura política cuando esa cultura produce un régimen democrático y republicano. Así, la democracia republicana es producto de una elevada cultura política y no al revés. Aquellos que quieren formar un régimen democrático sin transformar primero la conciencia colectiva imperante es un tremendo error. Los regímenes políticos no se ubican en el vacio sino por el contrario, tienen sus raíces en las profundidades de la estructura social.
Es evidente que en una sociedad desigual, con grandes grupos sociales marginados y excluidos, así como de la existencia de condiciones exiguas de educación y salud, no se puede exigir que tenga una elevada cultura política. Este tipo de sociedades desiguales producirá, necesariamente, regímenes no democráticos.
Si por cultura entendemos, en su sentido más primario, el dominio y rebelión consciente del hombre contra el curso natural de las cosas; es la lucha de la independencia del hombre de la naturaleza, pues ésta lo acerca más al mundo animal. El alejamiento de la bestia que trae consigo el hombre y su arribo a un mundo más espiritual, ético y político es la cultura. Los animales no crean cultura sólo el hombre.
Ludwig Stein, ha dicho con acierto que a la regularidad, si excepción, en el fluir de todos los acontecimientos, tal como se desarrollan sin determinadas finalidades, es decir, sin cooperación humana, la llamamos naturaleza. Lo elaborado por la especie humana en su conveniencia y conforme a un plan, lo proyectado, lo deseado, lo alcanzado y confirmado, lo llamamos cultura (Rocker, Rudolf. Nacionalismo y Cultura. Editorial Americalee. B.A. 1949, p. 313). De acuerdo a lo anterior, toda creación humana es cultura, por tanto, hablar de pueblos sin cultura es una aberración.
Si hablamos en este ámbito (de la separación de naturaleza y cultura), de la cultura política, se trata de establecer una relación entre el poder político y el ciudadano. Mientras más pueda influir el ciudadano sobre el poder se estará hablando de una elevada cultura política, que por lo regular tiene que ver con la democracia. También al revés, mientras más alejada es la influencia ciudadana sobre el poder, menos democrático es el régimen político. Si la cultura política es una construcción de la ciudadanía, será posible entonces, su desarrollo o su decadencia. En la cultura política se pueden desprender una serie de contenidos y acciones que la definen. Así, la influencia en el poder político se puede determinar por: a).- Por el valor del voto ciudadano; b) Por el grado de participación ciudadana en el voto; c) Por la fuerza de la opinión pública en el proceso gubernamental; d) Por el grado del imperio de la ley; e) Por el pleno respeto de los derechos humanos fundamentales.
Por el contrario, en un régimen que no observamos lo anterior, se estará hablando de una exigua cultura política democrática y de la existencia de una cultura política parroquial. Una de las claves de avance de la cultura política fue, sin duda, la atribución de la soberanía en el pueblo y no en el monarca, sin embargo, la falta de cultura política permite el abuso de los gobernantes sobre la sociedad, grupos o individuos. Así, la falta de una elevada cultura política ofrece todas las facilidades a los gobernantes para hacer del poder público patrimonio privado; abusar del poder; no rendir cuentas de su gestión; enriquecerse a través del erario público con impunidad; acallar a la prensa con amenazas y comprar conciencias.
La pregunta es ¿Cómo es posible desarrollar una cultura política que permita un régimen democrático y republicano? Lo primero que habría que hacer es desenmascarar aquellas teorías que hacen del individuo el centro de toda convivencia social; seguir fortaleciendo al sujeto por todos los ámbitos es seguir minando las bases de la sociedad. Las consecuencias de estas teorías son dramáticas, cada vez más observamos a individuos sumergidos en sí mismos, en sus egoísmos, en sus faltos de solidaridad y cooperación. Las enfermedades que son producto de este sumergimiento en sí mismos son en demasía y peligrosas. Los suicidios en jóvenes va en aumento; el consumo de drogas es ya un problema mundial; el comercio de armas habla ya del resurgimiento de una sociedad de la violencia y salvaje; el aumento de pobres y miserables en el mundo es alarmante; en fin, el capitalismo o sistema basado en la explotación del hombre por el hombre y en el sujeto individual está enseñando sus peores consecuencias.
Si no podemos cambiar de modelo de sistema de vida como es el capitalismo, porque no es solamente un sistema económico, habría que empezar en la elaboración de una nueva teoría social de vida que haga posible el respeto al sujeto individual pero en un marco colectivo, de solidaridad, de una nueva ética que privilegie la posibilidad de la existencia de un mundo con justicia, libertad y solidaridad.
En segundo lugar, habría que luchar por gobiernos más eficaces pero supeditados a las virtudes de la justicia, fortaleza, templanza, prudencia, pero sobre todo, sujeto a todo decoro que tanta falta nos hace.
Claro está que las grandes soluciones se encuentran en el cambio del régimen de vida (capitalismo) por otro en donde no se permita la existencia de tantos miserables como tampoco la existencia de tan pocos ricos tan ricos.