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Presenta ILEO decálogo de las lenguas originarias de Oaxaca
Oaxaca, Oax. 06 de marzo de 2013 (Quadratín).- Justina Fuentes lleva un mes de luto. La partida de su compañero en la vida y en el arte, el pintor y grabador Juan Alcázar, fallecido el pasado 7 de febrero, la sigue ocupando en estos días.
Vestida de negro, auxiliada de su bastón, pues no acaba de reponerse de una fractura en la cadera, la pintora de las sirenas y de la luna sobre el mar ha convertido su taller en un altar para Alcázar.
Un enorme plotter con un retrato del artista y el texto de una carta que le escribió su ahora viuda cubre casi todo un muro. Otra fotografía en blanco y negro se encuentra sobre un caballete en el ala derecha del salón, y un retrato tamaño natural, a cuyos pies colocó un crucifijo, flores y veladoras, está frente a la mesa de trabajo de Justina Fuentes.
Ahora mismo la pintora se encuentra ocupada preparando los cuarenta días que, según la tradición oaxaqueña, es el último de los ritos para despedir al difunto. Rezaremos un rosario, haremos un enorme tapete de arena que llevará por título Resurrección, iremos a misa y posteriormente llevaremos flores al panteón, anuncia.
El duelo no ha terminado, dice, pero lo que los psicólogos llaman el desprendimiento lo experimentó hace veinte días, al final del novenario y la levantada de cruz, cuando ella y sus amigos dejaron escapar 600 globos de helio en forma de estrellas, para que acompañaran a Juan Alcázar en su partida.
El desprendimiento fue bellísimo, hermosísimo. Aquí le hicimos sus rezos, fuimos al panteón a dejar la cruz de cal y mandamos comprar 600 globos. Soltamos 300 en el panteón y en el cielo se formaban las constelaciones que dibujaba Juan. Fue divino, divino. De regreso, en la cochera de la casa soltamos los otros 300 y los globos se quedaron quietos por un momento. Decíamos: Juan no se quiere ir y le gritábamos ¡Vete! Aquí todos se pusieron a llorar, relató.
Ya pasados los días más difíciles, los de la enfermedad y hospitalizaciones del maestro Alcázar, más de dos años críticos con fuertes gastos médicos; los días del deceso y los funerales, incluidos conflictos familiares; Justina Fuentes se encuentra más serena, pero no olvida la ingratitud del gobierno estatal para con un artista que delegó su propia obra para dedicarse a la gestión de apoyos y creación de talleres para los jóvenes de varias regiones del estado.
Juan lo dio todo por Oaxaca. Dirigió el taller Rufino Tamayo; creó los talleres de grabado de Pinotepa de Don Luis y en otros municipios; organizó hace veinte años la instalación de los tapetes del Día de muertos en la Alameda; fue fundador y director del Museo de los Pintores de Oaxaca. ¿Y cómo se lo agradecieron? Corriéndolo en 2011, y no le dieron ni un pavo para su navidad, exclama.
Recuerda que ella misma acudió en diciembre de 2011 con el entonces Secretario de Cultura, Andrés Webster Henestrosa, para pedirle que mediara ante el gobernador Gabino Cué para que comprara grabados de Juan Alcázar para obsequiar en navidad a sus amistades. Él ya se va a ir, le dijo a Webster. No compraron nada.
-¿Cuál sería la moraleja del caso del maestro Alcázar?
-No sé, tal vez que no hay que ser tan pendejo.
Pero Justina Fuentes es artista, con Juan Alcázar o sin él. Una artista que se cuece fuera de las grillas y mafias de la plástica oaxaqueña, sostiene, y no tarda en emprender de nuevo el vuelo.
No estoy pintando por motivos de salud, casi estoy segura que con todo lo que pasó se me olvidaron muchas cosas, entre otras pintar. Extraño el caballete, los pinceles, he hecho algunos bocetitos pero creo que todavía no es el momento.
-¿Cuándo será el momento?
-Para mayo, para abril o para mayo- bromea. Y se carcajea.- Voy a montar mi taller nuevamente ya que pasen los 40 días de Juan, porque aquí sus fotografías me andan moleste y moleste.
Y concluye: Creo que ya viene el momento y que mi lenguaje va a ser más libre, del corazón a la tela que es como yo pinto. Ahora estoy escribiendo mucho, me encantan los chismes de la pintura oaxaqueña. Me estoy preparando emocionalmente porque se tiene que notar que no se me ha olvidado pintar, que soy pincel, que soy ridícula (así dicen que pinto) y voy a defender lo que me pertenece a mí y a Juan. Voy a hacer todo lo que pueda para que Juan siga existiendo, para que esté contento.