
Exterminio
MÉXICO, DF. 21 de julio de 2014 (Quadratín).- Diversos indicadores publicados en las últimas semanas alientan un mayor optimismo sobre la economía mexicana, perfilando un segundo semestre con mejores perspectivas, y dejando atrás un largo periodo de atonía, que comenzó desde mediados del 2012.
Aunque persisten claroscuros que impiden tener total certeza en las expectativas, son más las señales positivas y éstas también son más contundentes, de forma tal que podamos pensar en un punto de inflexión para acceder a una etapa de mayor dinamismo.
Luego de un muy difícil primer trimestre de la economía estadounidense, el segundo fue sustancialmente mejor y se perfila que esta dinámica continuará, de manera progresiva, en la segunda mitad del año, lo cual brindará un piso mucho más firme para la actividad productiva en nuestro país.
Además, en el ámbito externo se prevé que no haya aumentos fuertes en los tipos de interés en lo que resta del año, así como una incipiente mejoría en el crecimiento de economías como la china.
Aunado a esto, hay indicios alentadores de mejoría en nuestro mercado interno. El consumo privado, ajustado por estacionalidad, marca una tendencia de recuperación, tanto en materia de bienes como de servicios.
Aunque de manera moderada, mejoran los datos de confianza del consumidor e igualmente los del productor, y el empleo ha ido a la alza: en junio, el segmento de trabajadores permanentes y eventuales urbanos, inscritos al IMSS, aumentó prácticamente 3.5 por ciento, logrando las cifras más altas en un año.
Es prematuro confirmar un cambio firme del panorama, en cuanto a que estemos ante una fuerte reactivación, pero existe clara mejoría en variables clave, que tienen que ver más directamente con el bolsillo de la gente.
Por otro lado, en sectores que acumulaban varios meses en estancamiento o desaceleración, como los servicios y, en particular, la construcción, hay un mejor escenario.
El gasto del gobierno se está ejerciendo a un buen paso, mucho más rápidamente que el año pasado, y consideramos que de forma creciente contribuirá a fortalecer la economía.
En este aspecto, mucho ayudará el que se regularicen los pagos a proveedores de gobiernos estatales y municipales, donde se hayan presentado retrasos.
En síntesis, vemos un segundo semestre significativamente mejor, y que hay condiciones para que terminemos el año con un crecimiento como el pronosticado, de 2.7 por ciento.
El gran desafío sigue siendo crecer al 5% de manera sostenida: que la recuperación trascienda la inercia. En este aspecto, el panorama, afortunadamente, es aún más positivo, porque México está inmerso en un proceso reformador de gran calado, que nos dará un fuerte impulso en el mediano plazo.
La consolidación de las reformas marcha a paso firme y, en general, en el sentido correcto. En el sector privado estamos muy atentos al desarrollo de los trabajos sobre la legislación secundaria en materia energética, con el cometido de coadyuvar para que sean congruentes con el espíritu y los alcances de los cambios constitucionales del 2013.
En la medida que se confirme el potencial abierto y se aclaren las incertidumbres, va a movilizarse la inversión de manera acelerada.
Tan sólo la reforma energética, en tanto tengamos una legislación complementaria adecuada, cuenta con el potencial de incrementar el crecimiento anual en cerca de 1.5 por ciento del PIB, con efectos inmediatos en la inversión y el empleo en el 2015 y cobrando fuerza en lo sucesivo.
Es preciso que este pendiente legislativo quede listo, porque en lo sucesivo, en el periodo ordinario que inicia en septiembre, viene la prioridad del paquete económico 2015, para lo cual se requiere de certeza en las bases presupuestales, así como de un entorno idóneo para una revisión objetiva de los resultados de la política tributaria vigente y de alternativas viables para impulsar el crecimiento.
En el sector empresarial hay convergencia en cuanto a que existen muchas opciones para impulsar el consumo, el ahorro, la inversión, el empleo, y en general, más dinamismo en el corto plazo. Estamos afinando propuestas concretas, viables y de impacto en el corto plazo, junto con el Gobierno de la República. Confiamos en que existe disposición para abordar las áreas de oportunidad.
Es momento de concretar una política industrial y de desarrollo regional de avanzada, que den aún más proyección y firmeza a las reformas. Al mismo tiempo, podemos lograr mejores resultados en el corto plazo, con acciones como las que está promoviendo el CCE y las que propondremos en lo sucesivo.
Hay que romper el círculo vicioso de baja productividad e inversión insuficiente, que desembocan en una competitividad acotada y lento crecimiento. Debemos afirmar condiciones para el desarrollo y multiplicación de las Pymes, y procurar que muchas de ellas puedan pasar a ser grandes empresas. Tenemos que dar cauce a todo el potencial de las reformas, como motores de modernización y de una expansión que se contagie a todos los ámbitos. El gran ganador de las reformas tiene que ser la empresa mexicana.
La economía mexicana, sin duda, pasa por un momento importante. Hemos abierto un horizonte promisorio, con reformas históricas. El cometido es dar confianza y mayor tracción al proceso de transformación, alineando todos los componentes necesarios para el crecimiento sostenido e incluyente.
Vemos un panorama favorable para nuestro país, que para materializarse demanda altura de miras, inversión y trabajo. En este camino, el compromiso de los empresarios y del CCE y sus organismos es total.