
Se autoinmolaron
Apenas despunta el 2009 y ya se advierten los primeros ventarrones del torbellino político que habrá de sacudirnos en este año.
En las oficinas públicas aun no regresan todos a sus escritorios, aún hay restos de brindis y celebraciones pero también hay rostros compungidos e incertidumbre de muchos empleados de confianza ante la certeza de las renuncias que habrán de concretarse más pronto de lo esperado.
Dependencias como la Secretaría de Obras Públicas, la Secretaría General de Gobierno, el COPLADE, la Coordinación de Asesores, Comunicación Social y otras áreas de la administración pública registrarán ajustes para que sus titulares puedan aspirar en tiempo y forma a las candidaturas del revolucionario institucional.
En la lógica de la llamada clase política de Oaxaca este es el paso formal y cíclico de los hombres y mujeres que se reciclan para mantenerse en el poder y en el presupuesto oficial.
Pero abajo, entre la sociedad, entre los oaxaqueños comunes, mantenemos la esperanza de que los cambios sirvan también para hacer ajustes en la forma de gobernar. Que los cambios no sean solo de nombres sino de actitud.
Es claro que en la recta final de su mandato, Ulises Ruiz deberá construir un equipo capaz de concretar los proyectos de inversión en obra pública y las reformas sociales como los juicios orales, el nuevo modelo policial, y las que resulten de la llamada reforma del Estado, la modernización administrativa, la consolidación de los grandes proyectos de inversión y hasta la modernización del sistema de transporte público en la verde Antequera.
Pero el ejercicio del gobierno no corresponde solo a la eficiencia de los números o la capacidad propagandística, en una sociedad como la nuestra, marcada por la perversidad política, la descalificación, la cultura del rumor los agravios acumulados, el gobierno tiene la obligación de ser y parecer un gobierno cercano a la gente.
Los ajustes en la estructura de mando en la administración pública es también la oportunidad de transformar la mentalidad y la imagen del gobierno. Los oaxaqueños esperan un gobierno eficiente y sensible capaz de escuchar con respeto y diligencia a la sociedad y a sus autoridades municipales.
El cambio social viene, avanza desde la organización de la gente, lejos de los partidos políticos y sus agrupaciones satélites. El primer aviso surgió desde las montañas de la sierra sur y en las calles de la ciudad de Oaxaca los muros de cantera aún retienen ecos de la rebelión que sacudió a México.
En la recta final, el gobierno de Oaxaca aún tiene tiempo para recuperar terreno ante la sociedad.