
De Aguas Blancas a Teuchitlán: 30 años de horrores e impunidad en México
Oaxaca, Oax. 19 de noviembre de 2008 (Quadratín).- Al menos siete entidades de la República pelean con todo para quedarse con la nueva refinería planteada por el presidente de la República y autorizada por el Congreso de la Unión; los gobernadores, legisladores y sectores productivos de Tabasco, Campeche, Michoacán, Hidalgo Veracruz y Tamaulipas cabildean sus ventajas y utilizan todos los recursos para llevarse a sus entidades una inversión de más de dos mil millones de dólares.
De todas las ofertas la de Oaxaca parece ser la más débil, las autoridades locales no parecen muy entusiasmadas y hasta ahora ni la Secretaría de Economía ni nadie parece interesado en el tema.
No sólo es la indecisión oficial la que aleja de nuestro territorio la nueva planta de PEMEX, la región sólo tiene terreno para ofrecer y esto es todo, no hay empresas que sirvan como proveedores de la paraestatal, la iniciativa privada local parece privada de iniciativa y se conforman con pequeños negocios con el gobierno oaxaqueño o se entretienen correteando pequeñas obras en los ayuntamientos de la entidad.
Mientras que en las demás entidades todos los partidos políticos parecen apoyar a sus respectivos gobiernos, en nuestra entidad la fauna política se encuentra en la fase más productiva de la descalificación, la intriga, la infamia y la destrucción como deporte de todos contra todos.
Pero el panorama local toma tintes de catástrofe cuando los enterados ven con horror que una nueva refinería en Oaxaca no tendría más destino que el Istmo de Tehuantepec, precisamente la zona en donde la convulsión política ha pulverizado todos los intentos de inversión.
La Arrocera San Silverio, el Ingenio José López Portillo, las tiendas departamentales, la embotelladora de refrescos, el rastro tipo TIF y ahora más recientemente la termoeléctrica en la cortina de la presa Jalapa del Marqués y los generadores de energía eólica en la zona de la ventosa.
Por extraña coincidencia, después de algunos años de relativa calma, la región se hunde en una telaraña de bloqueos carreteros que ha significado pérdidas multimillonarias a las empresas transportadoras y daños irreparables a todas las actividades productivas, comerciales y educativas.
Cálculos no oficiales cifran en más de medio centenar el número de bloqueos, es decir al menos 3 o 4 cada semana y muchos de ellos por las causas más absurdas que se puedan imaginar.
En la zona del Istmo la actividad agrícola está desarticulada, la ganadería es más que mediocre y el aprovechamiento marítimo se reduce a un puñado de lanchas para pesca ribereña; mientras tanto la industria del chantaje crece en cada proceso electoral.
Nada de raro tendría que el 20 de noviembre la Coalición Obrero Campesina Estudiantil del Istmo (COCEI) celebre no sólo un aniversario más de su fundación sino al mismo tiempo la cancelación de Oaxaca como destino de una nueva procesadora de hidrocarburos.