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Reforma de maíz transgénico: ¿camino a soberanía alimentaria de México?
Oaxaca, Oax. 23 de julio 2012 (Quadratín).- Al calor de los distractores que irriga este debate postelectoral; mismo que esta retacado de severas acusaciones, argumentaciones de defensa y movimientos anticipados que buscan ganarle terreno a la legitimidad cuestionada. Sobresale una preocupación respecto a los deberes, amenazas y expectativas de los otros actores políticos que se encuentran próximos a entrar en funciones: los legisladores federales oaxaqueños.
Oaxaca se cargó a la izquierda. Derivado (principalmente) de los intensos recorridos por la accidentada geografía de nuestro estado y por la fuerte identificación popular con Andrés Manuel López Obrador (AMLO). ¡Tanto! que el resultado obtenido en las pasadas elecciones es a pesar de los incumplimientos de la izquierda oaxaqueña en las tareas de gobierno. Aunque el resultado tiene un tinte de venganza para el PRI; producto de que las heridas causadas en la última administración priista siguen abiertas, en la que Enrique Peña Nieto fue vinculado por no tomar distancia de ese pasaje oscuro de nuestro pasado político inmediato.
Para el virtual ganador de la contienda presidencial (EPN) la responsabilidad con Oaxaca es enorme. El resultado electoral tiene un primer significado: traducirlo en tarea prioritaria de gobierno. EPN no puede soslayar los ingredientes que alimentan a los movimientos populares. En Oaxaca, la miseria, el atraso, la corrupción y la impunidad pueden convertirse en un factor que se sume a la explosión que en cadena amenaza la viabilidad del próximo 1º de diciembre.
EL DEVENIR
La izquierda en México a lo largo de la historia ha tenido que enfrentar un dilema: ¿El pueblo sigue al líder? O ¿es el pueblo quien crea a sus líderes?. Tal vez ninguna de las dos interrogantes es tan cierta, puesto que ambas se crean en una relación de dependencia compartida: el líder atiende las necesidades de las masas, y éstas apoyan al líder mientras el dirigente traduzca en acciones, señales y expresiones las demandas populares. Ello explica lo que para muchos oaxaqueños simboliza AMLO, un personaje que encarna la figura de dirigente social al que se le depositan esas expectativas y que hizo usufructuarios de su simpatía a los distintos candidatos de la izquierda oaxaqueña que se pusieron en la cresta de la ola y fueron llevados hasta la victoria (como en el 2006).
MITOS. El fenómeno obradorcita ganó en Oaxaca a pesar del desencanto por los magros resultados del gobierno aliancista que no supo o no quiso- traducir en acciones de gobierno la agenda que la alternancia exigía. Se dio marcha atrás a los cambios esperados; se tuvo miedo a enfrentar a los antecesores; y hoy se sostiene con fastuosidad la apariencia mediática del mito del cambio (aunque no se haya alcanzado). El reto para el gobierno aliancista era claro: convertir a la alternancia en la ocasión histórica de cimentar un nuevo estilo de gobierno. Sin embargo, la pasividad y permisividad de los que llegaron al poder, hicieron que se reinstalara y se consolidaran los viejos vicios de los que ejercieron el poder, aquellos que fueron derrotados en la elección a gobernador del 2010 y que hoy se confunden con los actuales por la similitud de sus métodos de operación.
OBLIGACIONES. En política el contexto es indicador de conducta. Con una atmosfera local complicada tendrán que lidiar los 10 diputados federales electos de izquierda y los 3 próximos senadores de la república (2 por mayoría, 1 vía plurinominal) arribarán a esta legislatura con una tradición de pérdida de autoridad vía los gobiernos estatales. Los gobernadores han venido ejerciendo un rol protagonista en las negociaciones más trascendentes con los jerarcas parlamentarios y con los funcionarios federales. Bajo el irrebatible argumento de que la libertad de compromisos es un dote en política, la comodidad en la que llegan al Congreso -sin haber contraído significativos compromisos de campaña- ni deberle el cargo al gobernador, a éstos legisladores se les abre una ventana de oportunidad que les permite ganar autoridad popular a través de las respuestas que otorguen a una sociedad cada vez más exigente de su trabajo. Absteniéndose, por supuesto, de caer en la tentación de los indecentes pactos de oportunidad entre políticos que tanto han lastiman a Oaxaca.
Los cambios nacionales se pueden derivar a través de 2 oportunidades: el primero, mediante el cambio electoral en las urnas; y el segundo, a razón de la movilización política y social que ya estamos experimentando. El drama de nuestras circunstancias actuales se materializa en el hecho de no contar con una izquierda a la altura de estos recientes desafíos. Sin menosprecio a sus considerables alcances electorales, existe un debilitamiento de la izquierda mexicana visto desde el ayuno de las ideas de avanzada, el extravío de la mentalidad revolucionaria y la degradación de su cúpula partidaria. Por ello, el atino de los próximos legisladores federales estará en atender con celeridad las causas de los problemas sociales y pugnar por ser considerados como nuevos proyectos nacionales y locales. El propósito es salir adelante con un planteamiento de equilibrio al poder presidencial, y actuar con corresponsabilidad cuando se es gobierno.
Los integrantes de la izquierda tienen que reconocer sus anclajes, sus referencias históricas, las persecuciones que han padecido y las múltiples causas que ellos deben enarbolar. Por el bien de Oaxaca, que así sea.
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Twitter: @juandiazcarr
Maestro en economía, licenciado en derecho y maestrante en periodismo.
Foto:Archivo