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Xochitlalyocan, jardín que resguarda la memoria verde de México
Oaxaca, Oax. 15 de junio de 2013 (Quadratín).- Empezaron como cualquier grafitero, pintando en la calle de forma ilegal y poniendo de su bolsa para aerosol y pintura. Arriesgaban el pellejo con la policía. Combinaban calle y escuela. Ahora los buscan para intervenir muros en Xalapa, Oaxaca, el Distrito Federal, y no tardan en salir al extranjero. Ya nos pagan los materiales, los viáticos y hasta nos dan una lana, expresan satisfechos Gotha y Yomer, integrantes del colectivo Chiquitraca.
Este viernes inauguraron su primera intervención en la ciudad de Oaxaca, en el interior del café El Central, donde realizaron un trabajo con técnica mixta sobre el plafón del techo. Una obra que les exigió además de talento, capacidad de equilibrio y un buen cuello para resistir 4 jornadas coloreando sin dejar de ver hacia arriba.
Originarios de Juchitán, tierra de notables pintores, unos más y otros menos, y gracias a las redes sociales, estos jóvenes ya son reconocidos como artistas urbanos, bueno, ni tan urbanos, porque su trabajo lo realizan en varios municipios del Istmo de Tehuantepec que no gozan precisamente del bienestar que ofrece una urbe.
En su cuenta de Facebook muestran los retratos monumentales de personas reconocidas por sus paisanos, realizados en muros de viejas casas en localidades como Unión Hidalgo, Ixtepec y Juchitán: un músico, un huesero, una vendedora.
Yo sabía que el aerosol servía para pintar bicicletas, pero un día que iba a comprar las tortillas vi que estaban unos compas pintando con aerosol en un muro, y me gustó. Desde entonces hice hasta lo imposible porque me dejaran entrar a su grupo. La calle ha sido nuestro refugio, recuerda Gotha, quien suele hacer de líder aunque la mayoría de los asuntos del colectivo los acuerda con Yomer.
Ambos se dedicaban al grafitti pero sus padres le exigían que estudiaran una carrera, porque lo que ellos hacían era de vándalos y no daba para comer. Así que Gotha estudió contaduría y Yomer se fue a Cancún a trabajar y estudiar idiomas. Sin que abandonaran el grafitti.
Trabajábamos, juntábamos un dinero para materiales, y nos íbamos a pintar. Nos agarró varias veces la policía y en una ocasión fuimos a parar hasta la Grande, y ahí tenía que ir el papá a pagar la multa, comenta Gotha. De eso ya pasaron diez años.
Yomer recuerda que hace cuatro años, una vez ambos en Juchitán, decidieron integrar el colectivo Chiquitraca cuyo lema es Pintar hasta explotar. Se reunieron varios compas, entre ellos Daniel Poetalatas, quien se ha independizado, e iniciaron su más ambicioso proyecto que consiste en la intervención de 20 casas antiguas, aquellas con tejado de dos aguas, con retratos monumentales de personas admirables del Istmo de Tehuantepec. Ahí la llevan con siete trabajos terminados a la fecha.
Son murales de personajes reconocidos por la comunidad, un gran músico, un curandero
lo que nos motiva de este proyecto es ver que pasa la gente y se queda viendo a su paisano y suspira
dice Gotha.
Otra de sus mayores satisfacciones ha sido compartir la intervención de un muro con Soid Pastrana y Víctor Chaca, dos reconocidos artistas plásticos juchitecos. Recientemente realizaron una intervención en el mercado Medellín en el Distrito Federal y así los han ido invitando a llevar su creatividad a varias partes del país.
El artista plástico Guillermo Olguín solicitó al colectivo Chiquitraca realizar una intervención en El Central, un espacio que se distingue en Oaxaca por dar albergue a distintas manifestaciones artísticas, desde la pintura hasta la música y el cine.
Una vez concluido el encargo, Yomer y Gotha se regresan a Juchitán de volada este sábado porque mañana domingo hacen realidad uno de sus grandes sueños: inauguran su propio estudio y galería en el centro de esa ciudad istmeña.