
Mantiene SSPO activo el Plan de Apoyo a la Población en el Istmo
Juchitán, Oaxaca, Oax. 24 de mayo 2012 (Quadratín).-Las velas, son celebraciones nocturnas llenas de sincretismo religioso, que se celebran en todos los pueblos zapotecas del Istmo de Tehuantepec, siendo las más representativas dedicadas en honor a los santos patronos de los pueblos; en Juchitán a San Vicente Ferrer, en Tehuantepec a Santo Domingo de Guzmán, en Ciudad Ixtepec a San Jerónimo Doctor, en el Espinal a la Virgen del Rosario, entre otros.
Todos los istmeños, zapotecas, huaves, mixes, zoques y chontales, han asistido o visto por lo menos una vez una de estas celebraciones, por lo que la realización de la fiesta es muy por todos conocida, pero no sus raíces y significado, por lo tanto aquí un pequeño acercamiento a ellas en el marco del comienzo de las tradicionales velas en todo el territorio istmeño.
De acuerdo al investigador zapoteca Víctor de la Cruz en el libro La religión de los binnigulasa, las velas tienen un origen sagrado y prehispánico, por lo que parte citando al escritor oaxaqueño Manuel Martínez Gracida, que a finales del siglo XIX establece los orígenes de las velas. Las velas son celebraciones nocturnas testimonio del sincretismo religioso en Tehuantepec: la vela Biaza, celebra la resurrección zapoteca primavera y la natividad de la Virgen María ; la vela Bini, se dedica a Centéotl, dios delas miese verano y a la Virgen del Rosario; la vela Paloma, se ofrenda a Xochiquétzal, doncella que se prepara para el matrimonio, a las parteras – otoño, así como a la Virgen de la Concepción.
El historiador explica que las velas con nombre en español se organizaron alrededor de cofradías que los frailes les dieron a las festividades indígenas dedicadas a las deidades zapotecas en determinada fecha del año, de acuerdo con el calendario agrícola, por ejemplo la Vela Biní , maíz, estaba dedicado a Pitao Cozobi, Dios del Maíz.
Por supuesto que muchas de las velas con nombres zapoteco y por consiguiente dedicadas a una deidad zá han desaparecido, aunque persisten algunas. En Juchitán aún sobreviven la Vela de los Pescadores, guzebenda; la del lagarto guela beñe; la de la muerte guiigu dxita.
De acuerdo al lingüista Víctor Cata las velas se llevaban a cabo como agradecimiento a las divinidades por la vida, la salud, las buenas cosechas, los buenos tiempos. Actualmente, en el Istmo de Tehuantepec hay un sincretismo religioso producto del encuentro de los pueblos mesoamericanos con España.
El término vela puede tener tres acepciones, según el autor del libro Nácasinu diidxa/Sólo somos memoria , por un lado, pasar la noche en vela, desvelarse. Por otro lado, la elaboración de los cirios que se prenderán en la iglesia en honor a la divinidad venerada. Finalmente, puede significa telón. A propósito de esta última acepción, el doctor Federico Molas de origen catalán señala lo siguiente:
Parecidas a las grandes fiestas celebradas en el Istmo de Tehuantepec donde el color, la belleza y la alegría se desbordan, se celebran en Cataluña las llamadas fiestas mayores que generalmente concuerdan con el Santo Titular de la población y que, como en Tehuantepec, tienen lugar bajo grandes envelados de lona suntuosamente adornados.
Las velas celebradas en un principio en honor a dioses zapotecas se siguen efectuando en casi todos los pueblos de la región del istmo, en muchas perdieron el objetivo y se transformaron en vulgares pachangas en donde se privilegia el consumo desmedido de alcohol beneficiando a las cerveceras; en otros conservan en un mínimo porcentaje sus orígenes.
Actualmente en Juchitán, aunque algunas ya desaparecieron como la Tapa gueere Cuatro carrizos, Ique guiaa En la cima del norte. Las otras que están próximas a caer en desuso son: la del Lagarto y la de San Jacinto, explicó con preocupación el investigador.