
Reformas cruciales a la CURP
OAXACA, Oax. 02 de marzo de 2015.- En el algún lugar, y en algún momento, leí los textos de William Blake (1757-1827) recopilados en Matrimonio del Cielo y el Infierno. Los cantos de Inocencia. Los cantos de Experiencia. Visor Libros. Tercera edición, 1997. Madrid, España.
De esa lectura inspiradora derivó este mi breve catálogo de ideas, cuya historia les narraré brevemente. En primer lugar debo decir que me llama la atención la semejanza de lo planteado en mi escrito con la teoría de los sistemas sociales de Niklas Luhmann sobre el poder, pues cuando escribí estas notas no conocía las tesis del sociólogo alemán. Encontré mi propio texto escrito a mano en los márgenes del libro al que me he referido; fue como encontrarse una vieja foto entre las páginas de un libro entrañable; sólo que las imágenes se transmutaron en palabras. De cualquier manera, las ideas me parecieron estimulantes, porque pueden indicar alguna influencia de Blake sobre el teórico alemán de los sistemas sociales o bien, todo esto es producto de mi imaginación. De cualquier forma, me pareció útil compartir estas ideas fugaces. Estas son las notas:
El Poder que usa su fuerza es poder a medias.
El Poder para justificarse necesita mostrar y mostrarse a sí mismo que es obedecido.
Para ser obedecido el Poder necesita en primer lugar dejar vivir a los demás para que, con su ayuda, ellos puedan (en segundo lugar), satisfacer sus necesidades vitales y se pueda repetir el ciclo.
Para satisfacer las necesidades de los demás, el Poder necesita suponer que todos son iguales, porque las acciones del poder, siempre son para todos; de lo contrario sería injusto.
Cuando el Poder actúa, se da cuenta de que los demás son diferentes entre sí; pero que no debe actuar a partir de esas diferencias.
El Poder debe entonces actuar sobre los demás para hacerles creer que son iguales y sus acciones se entiendan como acciones para todos y dar la impresión de que siempre quiere satisfacer las necesidades de todos.
Así, el Poder puede actuar sobre algunos, beneficiándolos; siempre y cuando los demás crean que son iguales que ellos.
Pronto los demás se dan cuenta de que el Poder actúa sólo en beneficio de algunos.
Los demás toleran al Poder en su actuar sobre algunos, porque lo califican de error; no se saben diferentes y tratan de ser como aquellos a quienes beneficia el Poder, para mantener su idea de que son iguales.
Los demás se muestran intolerantes con el Poder, porque no pueden ser como aquellos sobre los que actúa el poder y le reclaman, a éste, la igualdad sabiendo ya que son diferentes entre sí.
Entonces el Poder usa la fuerza para que los inconformes lo obedezcan y no los deja vivir.
El Poder, debilitado por su propia fuerza, se pregunta por su error: ¿De dónde surge la idea maldita de la igualdad? No del hombre, no del pueblo, No de Dios.
Surge de la novedad del Poder que requiere ser obedecido.
Por eso la mayoría, le da el Poder a la minoría que se supo diferente.
En el mundo moderno, el nuevo Poder, al sumarse a los demás, pierde su identidad como poder.
El Poder se sabe diferente a los demás, pero lo oprime su propia naturaleza; entonces inventa la democracia para poder fundirse con los demás sin remordimientos.
Pero la democracia es sólo una apariencia del Poder para saciar su otra apariencia: la de la igualdad.
Así el Poder con sus apariencias contradictorias, da lugar a una forma de vida donde el propio Poder puede vivir un idilio con los demás; mientras nosotros, los nuevos algunos, sin el beneficio originario, reflexionamos sobre la forma en como las ideas del Poder y los demás, cobran vida.