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Jordi Boldó presenta La Mirada Errante en Nuun Espacio de Arte
Oaxaca, Oax. 15 de mayo de 2013 (Quadratín).- De no ser por la barba cana, crecida, que luce ahora el acordeonista regiomontano Celso Piña, no pensaríamos que acaba de cumplir 60 años. Su alegría, vitalidad y capacidad de comunicación con los jóvenes desde el escenario fueron bien recibidos por un público eufórico que no dejó de bailar en todo el concierto.
La Plaza de la Danza se cubrió a tope. Hombres y mujeres, viejos y jóvenes, y hasta niños, de todas las clases sociales, se mezclaron sin recelo bajo el influjo de las luces y la magia del acordeón de Celso Piña, un hombre sencillo que, según dijo en conferencia de prensa previa a su concierto, no pretende más que acercar la música a los jóvenes para que no caigan en la delincuencia.
No solo de pan vive el hombre, sino de la cultura también. Entonces, tanto la música, la pintura, el arte de los escritores, el dibujo, todo eso, yo creo que nos hace falta a todos. Necesitamos saber qué es lo que tenemos en nuestra tierra, en nuestro estado, en nuestro país, expresó ante reporteros, fotógrafos y camarógrafos a quienes Celso Piña obsequió un pequeñísimo concierto petit comite.
Pero en la Plaza de la Danza el Mago del acordeón fue a más. Ofreció un concierto que devino en baile, un baile que devino en campo propicio para interactuar con desconocidos, como lo hicieron un grupo de jóvenes turistas norteamericanas, chicas que pronto encontraron pareja de baile entre los artistas callejeros que, con rastas, descalzos, se esmeraban por mostrar sus mejores pasos ante las visitantes.
Lo mismo ocurrió entre los chicos y chicas provenientes de las colonias de la periferia, con sus camisetas negras, jeans y tenis; perforaciones y tatuajes incluidos, que en grupo bailaban con pasos más originales que los de parejas adultas que bailaban abrazados.
Celso Piña y su Ronda Bogotá abrieron con la clásica Cumbia sampuesana, siguieron con Cumbia sobre el río, y después con un cover de Aunque no sea conmigo, canción que hizo popular Enrique Bunbury. Luego, la anécdota sobre aquel libro que dedicó un día el nobel de literatura, Gabriel García Márquez a Piña, quien sin ser colombiano, compone ballenatos.
Don Gabriel me escribió en su libro: Para Celso Peña, de su incha, Gabo. El colofón de la anécdota fue la interpretación de Macondo, de Óscar Chávez, en versión cumbia norteña.
Influenciado tal vez por la Guelaguetza oaxaqueña, Celso Piña bajó en un momento del escenario para obsequiar algodones de azúcar entre el público más cercano. Después de hora y media de cumbia, las luces se apagaron, el estruendo de las bocinas también, y vinieron los fuegos pirotécnicos de un castillo, con lo cual llegó a su final el Festival Mayo en Oaxaca, organizado por la Secretaría de las Culturas y las Artes, dedicado este año a las expresiones artísticas de los jóvenes.