
El país lleno de fosas y ahorcan a García Harfuch
La vulnerabilidad de Acapulco ante el posible arribo de los huracanes debía de haber servido para que los tres niveles de gobierno estuvieran atentos y preparados…
La tragedia de Acapulco azotado sin piedad por el huracán Otis vuelve a poner de manifiesto el altísimo costo de improvisar autoridades y servidores públicos, como se volvió costumbre a partir del arribo de López Obrador al poder. Cuando la lealtad al mesías se antepone al mérito profesional, el gobierno deja de serlo y se transforma en un club de amigos que hacen de todo, menos gobernar.
Ante el fenómeno meteorológico el gobierno federal se mostró tal cual es: paralizado, inepto inexistente, corrupto y criminal.
Las autoridades más cercanas, el gobierno estatal y la presidencia municipal tampoco acertaron a preparar a la población para el inminente desastre.
Hay que recordar que la gobernadora surgió de la nada cuando a su padre la Ley le impidió competir por el gobierno estatal y de la presidenta municipal, ni hablar, es tan culta y capaz que descubrió en su momento que las altas temperaturas del puerto eran la principal causa de la violencia y la inseguridad.
La vulnerabilidad de Acapulco ante el posible arribo de los huracanes debía de haber servido para que los tres niveles de gobierno estuvieran atentos y preparados para llevar a cabo las acciones que buscaran evitar el medio centenar de muertes que se han contabilizado hasta hoy y muchos daños en la infraestructura de servicios básicos y en muchos casos en casa habitación y edificios públicos y privados.
El puerto vive del turismo que tampoco fue alertado oportunamente para que pudiera ser desalojado en camiones, aviones comerciales, del gobierno e incluso privados; a la población en riesgo se le debió ofrecer resguardo en albergues y con la oportunidad debida se debió trasladar al ejército, la marina, guardia nacional, policía estatal y municipal para instalar comedores, plantas de agua potable y plantas de luz para la atención de la población.
Debió haberse previsto suficiente maquinaria del gobierno, del ejército (que en este gobierno se dedica intensivamente a la construcción) y de la iniciativa privada, si fuera necesario, para abrir carreteras dañadas y recoger escombros.
¿Qué sucedió? Nada: un presidente ajeno, secretarías inexistentes, gobernación y protección civil ocupadas haciendo discursos para hablar bien del inútil y criminal gobierno al que sirven.
La cultura de protección civil había avanzado razonablemente México y existía el FONDEN para atender lo irremediable. En el pasado otras desgracias en el país se pudieron atender de mejor manera. Así atendíamos en Oaxaca, cuando tuve el privilegio de gobernarlo, los fenómenos naturales que son inevitables pero que se deben y pueden prever.
¿Qué hacer con estos gobiernos inútiles?, debemos colaborar en todo para terminar de encontrar a quienes siguen desaparecidos producto de la irresponsabilidad del gobierno, atender y recuperar los servicios de PEMEX, CFE y en general la infraestructura de comunicaciones.
El gobierno debería establecer programas para la recuperación de las viviendas, particularmente aquéllas habitadas por la población más vulnerable y apoyos económicos vía crédito para la recuperación del puerto y presentar, una vez resuelto lo mínimo necesario para la población, como son los servicios de agua y luz , un plan de relanzamiento internacional de Acapulco, aprovechar para limpiar las playas, instalar todas las plantas de tratamiento para tener playas limpias, ampliar las avenidas y la oferta turística y gastronómica.
Es imperativo rescatar a Acapulco de esta desgracia, pero no para dejarlo como estaba antes del huracán, sino para su relanzamiento como el destino turístico de talla internacional que tiene que ser, para que los guerrerenses tengan los empleos y oportunidades que hasta hoy no han tenido.
A partir del 2024 se podrá pacificar Guerrero revirtiendo la entrega que este gobierno ha hecho al crimen organizado. Con paz y desarrollo tendremos Guerrero y un nuevo Acapulco para el mundo.
Hay suficientes fondos en el gobierno si se detiene la sangría de recursos públicos que en este año suman más de 100,000 millones de pesos para la inservible refinería de Dos Bocas que este gobierno no acabará, o los recursos para el Tren Maya y otras obras donde se han desviado miles de millones de pesos que deben de destinarse a la recuperación de Acapulco.
López Obrador, dejaste a los Guerrerenses a su suerte.
Te pido que ya no los sigas dañando más. De inmediato deben desaparecer los poderes en el estado para dar paso a un gobierno con visión, honesto que con el nuevo gobierno en 2024 lleve a cabo estas propuestas.
Por supuesto Claudia y AMLO son lo mismo: ineptitud irresponsabilidad y crimen. Guerrero no se lo merece y México tampoco.