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OAXACA, Oax. 3 de abril de 2025.– El bolero que acompaña una conquista o una despedida, la melodía que enciende la ternura de quien se enamora, una voz que canta entre las sombras: todo eso es Álvaro Carrillo.
A más de medio siglo de su muerte, el compositor nacido en San Juan Cacahuatepec sigue hablando al corazón de quien escucha su música.
Álvaro Carrillo murió el 3 de abril de 1969 en un accidente automovilístico en la autopista México-Cuernavaca. Tenía 49 años. A consecuencia del percance, un día después también falleció su esposa, Ana María Incháustegui.
Había nacido en 1919 en la Costa Chica de Oaxaca, entre la montaña y el mar, en una familia de origen mixteco y afrodescendiente.
Esa raíz marcó el tono íntimo y honesto de sus melodías.
Aunque estudió ingeniería agrónoma en Chapingo, lo suyo fue siempre componer. Su paso por la escuela dejó una canción emblemática: Adiós a Chapingo, todavía entonada por generaciones de estudiantes.
Escribió más de 300 canciones. Su obra abarca boleros, chilenas y pasodobles. Entre sus temas más conocidos están Sabor a mí, La mentira, Luz de luna y El andariego, interpretados por artistas como Luis Miguel, José José y Eydie Gormé.
Cada letra suya parece arrancada del alma. Hay una sobriedad en su forma de decir el amor, una tristeza digna, un romanticismo sin excesos. Supo hacer del bolero algo elegante y profundo.
José José protagonizó en 1988 la película Sabor a mí, basada en su vida. Años más tarde, su hijo, Mario Carrillo, escribió el libro por el centenario de su nacimiento, donde reconstruyó al hombre detrás del mito.
Cada año, su nombre resuena en festivales y homenajes. En Chapingo se realiza el Festival de la Canción de Aficionados Álvaro Carrillo, donde jóvenes compositores se inspiran en su estilo para crear nuevas obras.
Su legado no envejece. Álvaro Carrillo sigue allí donde una guitarra acompaña una voz serena, donde alguien vuelve a cantar que hay amores que saben quedarse para siempre.