
Origen, creación y evolución de tribunales y salas de justicia indígena
OAXACA, Oax. 12 de julio de 2026.- El doctor Gustavo Meixueiro Nájera analizó los factores políticos, institucionales, económicos y comunicacionales que pueden incidir en el comportamiento del electorado mexicano durante las elecciones intermedias de 2027.
El especialista participó como académico invitado en la cátedra de Opinión Pública de la Maestría en Comunicación Social y Política de la Universidad La Salle Oaxaca, convocado por el docente Bruno Torres Carbajal y la coordinación de este programa de posgrado con más de una década de vida.
Durante la sesión, el académico explicó que la elección de 2027 tendrá implicaciones que irán más allá de la renovación de la Cámara de Diputados y de los cargos locales que estarán en disputa.

Uno de los aspectos centrales será determinar si la coalición gobernante conserva las mayorías legislativas necesarias para impulsar reformas constitucionales o si México regresa a un escenario de gobierno dividido.
Explicó que existe un gobierno unificado cuando el partido o la coalición que ocupa el Poder Ejecutivo dispone también de las mayorías necesarias en el Congreso para aprobar su agenda legislativa.
En contraste, un gobierno dividido obliga al Ejecutivo y a su partido a negociar con otras fuerzas políticas, realizar concesiones y construir acuerdos parlamentarios.
Meixueiro Nájera sostuvo que ambos escenarios presentan ventajas y limitaciones. El gobierno dividido puede fortalecer la deliberación y la representación de diferentes intereses, pero también puede dificultar o retrasar reformas consideradas necesarias.
El gobierno unificado, en cambio, facilita la aprobación de modificaciones legales y constitucionales, aunque puede reducir los contrapesos y la consideración de las posiciones de las minorías parlamentarias.
El especialista recordó que, desde la apertura del sistema electoral mexicano producida durante la década de 1990, el país ha experimentado periodos prolongados de gobierno dividido y etapas más recientes de concentración legislativa en torno a la coalición gobernante.

También examinó la diferencia entre las elecciones presidenciales y las intermedias. Estas últimas suelen presentar menores niveles de participación ciudadana porque no se elige a la persona titular del Poder Ejecutivo federal.
Sin embargo, indicó que la concurrencia de elecciones de gubernaturas en 2027 podría aumentar el interés y la movilización del electorado en varias entidades federativas.
En esos estados, la competencia local puede trasladarse a la elección de diputaciones federales, debido a que las campañas, candidaturas y estructuras partidistas operarán de manera simultánea.
Meixueiro Nájera abordó posteriormente el denominado embudo de la causalidad, modelo analítico que permite ordenar los factores que intervienen en la decisión electoral.
Explicó que el voto constituye un fenómeno multicausal en el que convergen variables de largo y corto plazos.
Entre los factores de largo plazo se encuentran la clase social, las características demográficas, la región de residencia, la religión, la lengua, la ideología, la identificación partidista y los procesos mediante los cuales las personas socializan políticamente.
Los factores de corto plazo comprenden la evaluación del desempeño de los gobiernos, la imagen de las candidaturas, los temas de campaña, la situación económica y la opinión sobre el partido gobernante.

Estas variables no actúan de manera aislada, se relacionan y adquieren diferente peso según el contexto político, económico y social en el que se desarrolla cada elección.
El modelo fue estudiado por Meixueiro Nájera y Alejandro Moreno en el libro El comportamiento electoral mexicano en las elecciones de 2012, obra publicada por el Centro de Estudios Sociales y de Opinión Pública de la Cámara de Diputados.
En esa investigación se examinan las bases sociales, ideológicas, partidistas y comunicacionales del voto, así como el comportamiento de los electores independientes.
Durante la cátedra, el especialista distinguió entre los independientes puros y los independientes alineados.
Los primeros no manifiestan identificación ni cercanía con algún partido, mientras que los segundos, aunque inicialmente se declaran independientes, reconocen posteriormente una inclinación hacia determinada fuerza política.
Los estudios presentados durante la sesión muestran que, entre los electores independientes, dos variables han mantenido un peso relevante en diferentes procesos: la aprobación presidencial y la opinión sobre el partido en el gobierno.
La aprobación presidencial permite observar cómo evalúa la ciudadanía el desempeño de la persona titular del Ejecutivo. La imagen del partido gobernante muestra, por otra parte, si esa evaluación se transfiere o no a sus candidaturas.

Meixueiro Nájera señaló que una persona identificada con un partido puede decidir abstenerse cuando desaprueba a su gobierno, en lugar de votar necesariamente por una fuerza opositora.
Por ello, la abstención también debe estudiarse como una expresión del comportamiento político y no únicamente como desinterés o falta de información.
Al revisar las encuestas disponibles hasta junio de 2026, el académico explicó que la presidenta Claudia Sheinbaum conservaba niveles elevados de aprobación, aunque algunas mediciones mostraban una reducción respecto de los primeros meses de su administración.
Aclaró que los resultados de las encuestas no deben interpretarse como pronósticos definitivos. Son mediciones temporales que pueden modificarse como consecuencia de acontecimientos políticos, económicos o sociales.
La opinión pública, expuso, no permanece estática. Cambia conforme se transforman las evaluaciones del gobierno, las percepciones económicas, los temas de conversación pública y las alternativas presentadas por los partidos.
Otro concepto analizado fue el voto económico o voto del bolsillo. Este enfoque sostiene que las personas pueden premiar o castigar al partido gobernante a partir de su percepción sobre la situación económica.
Cuando el electorado considera que su economía personal o familiar ha mejorado, puede atribuir ese resultado al gobierno. Cuando percibe deterioro, inflación, pérdida de ingresos o falta de oportunidades, puede responsabilizar a la fuerza política en el poder.
Meixueiro Nájera subrayó, no obstante, que los indicadores económicos y la percepción ciudadana no siempre coinciden.

Una economía puede presentar determinados resultados estadísticos, pero lo electoralmente relevante será la forma en que esos datos son experimentados e interpretados por la población.
La discusión comprendió además el papel de los medios digitales en la comunicación política. El especialista recordó que la campaña presidencial de Barack Obama en 2008 evidenció la capacidad de las plataformas digitales para recaudar recursos, organizar simpatizantes y establecer comunicación directa con el electorado.
En México, señaló, la influencia electoral de las redes sociales aumentó conforme se amplió el acceso a internet.
La campaña de Jaime Rodríguez Calderón, El Bronco, por la gubernatura de Nuevo León mostró posteriormente que una candidatura podía reducir su dependencia de los medios tradicionales y sostener buena parte de su estrategia mediante plataformas digitales.
El efecto de una estrategia de esta naturaleza depende, sin embargo, de las condiciones de conectividad y acceso tecnológico de cada región. Una campaña digital desarrollada en un estado con alta penetración de internet no necesariamente produciría los mismos resultados en comunidades con conectividad limitada.
El académico también recurrió al movimiento #YoSoy132 para explicar cómo las redes sociales modificaron la relación entre medios, actores políticos y ciudadanía durante la elección presidencial de 2012.
Mientras algunos medios tradicionales presentaron favorablemente la visita del entonces candidato Enrique Peña Nieto a la Universidad Iberoamericana, las grabaciones difundidas por estudiantes permitieron contrastar esa narrativa y ampliar el conocimiento público de lo ocurrido.
Meixueiro Nájera sostuvo que las plataformas digitales democratizaron parcialmente la producción y distribución de información, pero también generaron nuevos problemas para la deliberación pública.
Los algoritmos pueden construir entornos informativos personalizados en los que las personas reciben contenidos semejantes a sus preferencias, creencias o comportamientos previos.
Esta selección puede producir percepciones fragmentadas de la realidad y hacer que una persona considere generalizada una información que, en realidad, únicamente circula dentro de comunidades digitales específicas.
La inteligencia artificial incrementa esa complejidad al facilitar la producción de imágenes, voces, videos y mensajes capaces de representar acontecimientos inexistentes o alterar contenidos reales.
Por ello, el académico consideró necesario fortalecer la alfabetización mediática, la verificación de información y el análisis crítico de los contenidos políticos difundidos en plataformas digitales.
La elección de 2027, concluyó, no puede explicarse mediante una sola encuesta, una candidatura o un acontecimiento aislado.
Su análisis deberá considerar la aprobación presidencial, la opinión sobre el partido gobernante, el desempeño económico, las competencias por las gubernaturas, la capacidad territorial de los partidos y las transformaciones de la comunicación digital.
Esta sesión de posgrado permitió vincular los fundamentos teóricos del comportamiento electoral con la observación empírica de la coyuntura mexicana, mediante una lectura metodológica de las encuestas, las actitudes políticas y los procesos de formación de la opinión pública.
Meixueiro Nájera es doctor en Planeación Estratégica y Gestión del Desarrollo, maestro en Planeación del Desarrollo Regional y maestro en Derecho Electoral. Su trayectoria comprende la investigación de la opinión pública y el comportamiento electoral, la docencia universitaria y el ejercicio de responsabilidades en instituciones electorales y judiciales.
Fue consejero presidente del Instituto Estatal Electoral y de Participación Ciudadana de Oaxaca de 2014 a 2021 y presidente de la Asociación Mundial para la Investigación de la Opinión Pública, capítulo Latinoamérica, durante el periodo 2021-2023.
Actualmente se desempeña como director general del Centro de Documentación y Análisis, Archivos y Compilación de Leyes de la Suprema Corte de Justicia de la Nación.