
Batallas
OAXACA, Oax., 21 de marzo de 2018.- En el aniversario 212 del natalicio de don Benito Juárez debemos ponernos de pie como él lo hizo con México.
Ya se sabe que no lo hizo solo sino con la generación de liberales radicales y moderados, y hasta algunos conservadores liberales arrepentidos en última hora.
Sus detractores seguirán tratando de empañar su imagen al acentuar sus humanas debilidades pero sus fortalezas y legados lo tornan inconmensurable.
Baste recordar que entre su natalicio en 1806 y su muerte en 1872 fue testigo y protagonista de transformaciones históricas que comprendió para defender y construir lo que han sido los cimientos institucionales del edificio nacional.
Es de mi interés destacar aquí sus contribuciones a la formación del sistema jurídico moderno que en últimas décadas hemos sometido a una profunda renovación.
El perfil liberal y laico de Juárez le llevó a impulsar y diseñar un marco jurídico nacional y local que separaba las funciones de la Iglesia y el Estado. A colaborar en la aprobación de las constituciones local y federal de 1857. A avanzar en la prevalencia de la ley y el código, y ya no en las antiguas leyes novohispanas, como fuente del Derecho.
A pesar de la ideología iusnaturalista a la iuspositivista que aún pervive. A entender que la división de poderes no puede excluir la colaboración inteligente entre ellos. A equilibrar la majestad de la Constitución con la soberanía del pueblo, en casos excepcionales. A someterse a la urna en tanto medio de expresión de la voluntad popular y de legitimidad del gobierno democrático. A llamar al respeto del Derecho Internacional y los derechos de los individuos y los pueblos. A ejercer la dignidad nacional ante las amenazas extranjeras.
El sistema jurídico y la ciencia del Derecho en México hoy pasan por un complejo proceso de refundación que nos lleva a tener que comprender que la Constitución es primero que la ley y que, junto con los tratados internacionales y las constituciones locales, contiene las garantías de los derechos individuales y colectivos que protegen la dignidad humana.
A entender que ello sólo es viable dentro de la democracia pluralista, un proceso electoral íntegro y el buen gobierno, y que está en manos de nosotros, los mexicanos, evitar la degradación y recuperar el orgullo de nuestra soberanía en tiempos de nuevas acechanzas.
Refundar instituciones no significa eliminar las que nos han legado nuestros padres y abuelos.
Se trata de recoger las mejores creaciones y frutos para innovar y modificar lo que sea útil para el presente y el porvenir.
Tener presente que si bien entre los individuos como entre las naciones el respeto al derecho ajeno es la paz, el respeto entre naciones no es ajeno a la paz entre pueblos e individuos, y que sin Constitución, derechos y democracia no puede haber convivencia pacífica y productiva.
A Juárez, desde Guelatao para el mundo: aquí solo se respira honor y gloria.