Unos quieren salir, otros resisten para no dejarlos escapar

Fielding fue uno de los primeros novelistas capaces de pensar una poética de la novela

Milan Kundera, El telón

A la entrada de la ciudad dos grupos de inconformes plantaron sendos bloqueos, los primeros argumentan ofrecieron razones impostergables, pedían apoyo oficial para el desarrollo de las comunidades indígenas marginadas; los segundos, solicitaron que el gobierno desalojara a los integrantes del primer bloqueo vial. Nadie entiende nada. El calor, el tiempo, las maldiciones hicieron que se olvidaran las causas, que sólo perviviera el rencor.

– ¿Estamos en fiesta de la Guelaguetza?

La existencia, la convivencia social, en entendimiento se realiza sobre representaciones del lenguaje.

Juego con las palabras, las imágenes propias de esas imágenes, el doble bloqueo.

El poema es real, las palabras son imaginadas. “Mira, sembré cilantro”, dijo ella. Los brotes de cilantro se perdían entre la yerba. Temporada de lluvias en el valle. Las palabras fijan la tristeza, fuimos expulsados del jardín. “Me gusta esta vida”, dijo ella, “sembrar la tierra para alimentarnos”. La belleza baja a golpes, entre palabras.  Lleva el cuerpo repleto de heridas, desde la llaga muestra su cuerpo luminoso, próximo. Corre el tiempo. En casa las cosas por hacer jalan con su hilo largo; quisiera que el cilantro jalara hondo, que lograra más por la lengua en la que escribo cilantro.

En el camino de entrada a la ciudad corre el verano largo, hay sol, transpiración, falta el mar; frente al bloqueo, incapacitados, mujeres y hombres miran con desesperación correr el tiempo; en su desesperada cabeza, cambian el mundo imposible de palos y piedras, rostros iracundos por la arena del mar, el mar apacible, la arena caliente donde resalta el color de los bikinis sobre dorados cuerpos, observados desde profundos apacibles oscuros.

Corre el tiempo. Frente al bloqueo vial repito las palabras en espera de que ocurra un milagro. Plagio, me plagio, soy otro, no olvido; el quehacer será dar vueltas sobre las palabras, como un pez. Si, cierto. Soy un bueno para nada. En la adolescencia me preguntó mi madre qué quería ser en la vida. Por salir del paso, por tener una respuesta, por sonso, dije: poeta. Las desgracias ocurren sin que nadie advierta de ellas. Los niños –dragones, perros adivinadores- anticipan el futuro, pero callan porque mencionar la revelación interrumpe el tiempo del juego.

De tanto transpirar, a la altura de Casa Blanca siento el aire salitroso del ausente mar, me ilusiono de pronto con la posibilidad de mirar de nueva cuenta (año y medio de encierro por pandemia) el mar de Huatulco.

La gente llena de ira y sol improvisa las palabras que terminan en silencio, mudas. Sí, tú. El poeta Magnus William-Olson (Estocolmo, 1960), dice: “La poesía es más grande que la vida”. El mototaxi me deja en un extremo del puente Valerio, Magnus dice: “No tengo acceso al mundo fuera de la poesía”. La gente teme caminar por el puente Valerio, límite de los mototaxis. A mediados del siglo XVIII estas tierras fueron zona de labranza, habitadas por hombres piernas cortas. Magnus dice que la poesía es otra infancia. El poema, elefante que se mueve entre compasión y olvido, habla, dice cosas. Sí, tú. ¿Por qué el puente con su río de aguas sucias me regresa a los días de certeza y amor que relaciono con esta tierra? Las horas junto al bloqueo pasan lentas, oscuras de mediodía; intervengo el texto en busca de la Efeméride, en fiestas de Guelaguetza.

Corre el tiempo, nada se puede hacer ante la obstinación de los otros.

En el encorvado anzuelo está el arte (filo y amenaza), las partes que posibilitan la magia. Debo escribir aquí sus partes (trampa y engaño, memoria). La punta penetra la boca (ingenio y necesidad, ingenio). El ojo, final del gancho conectado al hilo. La curva, el cuello (¿sabías que el afilado anzuelo posee un erguido cuello?). El gancho une punta y ojo (terror y carne, hambre). Se denomina brecha a la distancia que se abre entre la punta y el ojo. Encuentro tanta vida en el inocente anzuelo; a la altura de las orejas, las imágenes tratan de entrar a los pensamientos.

El bloqueo trae conocimientos nuevos, prácticas renovadas.

El futuro llega lento, como un recuerdo de la infancia. Me digo con resignación: bien mirado, el doble bloqueo a la entrada de la ciudad forma la imagen nueva, trae la playa del mar, las vacaciones de verano, risas de las mujeres. A las puertas de la desesperación, mil 500 metros sobre el nivel del mar, los Valles Centrales confirman la posibilidad de contar con un lenguaje común, abierto a quien lo imagine.