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OAXACA, Oax. 14 de noviembre de 2025.- El libro El rompecabezas de Mamú, de Luz Lajous Vargas, fue presentado en la Biblioteca Henestrosa como parte del Encuentro de Lectura y Escritura en Oaxaca.
La obra, construida a partir de imágenes y recuerdos destinados a sus nietos, abrió un espacio de conversación sobre memoria y afectos.
En este contexto, Claudia Burr compartió para los lectores de Quadratún el texto que leyó, un hermoso diálogo con el corazón del libro.
Lo reproducimos íntegro a continuación.

El rompecabezas de Mamú
Claudia Burr
Hoy nos reunimos para celebrar un libro que, les advierto de una vez, no es una biografía, tampoco es una autobiografía. Y definitivamente no es una memoria escrita en el orden que nos enseñaron en la escuela.
Lo que hoy comentaremos es algo mucho más íntimo y más honesto. Es un mapa, es un álbum, es un juego. Es, como su título lo dice, "El rompecabezas de Mamú".
Al terminar de leerlo, la primera idea que me vino a la cabeza es que Luz Lajous ha vivido no una, sino muchas vidas en sus ochenta años que en una semana, por cierto, celebrará. Me queda claro que se ha divertido y sobre todo, no ha perdido el tiempo. Ha vivido de manera inteligente, comprometida y con pasión; sí, ella, no pasa desapercibida; luego al contrario, es una mujer que deja huella por donde quiera que ha pisado. En una palabra, una mujer entrona, vaya.
Y para dar cuenta de ello, eligió, ochenta fotografías de momentos significativos de su vida. Cada imagen tiene una historia; cada imagen capta un recuerdo. En el prólogo nuestra autora recomienda que primero seamos lectores iconográficos. Es decir, que primero veamos y analicemos la imagen y que después leamos el texto que acompaña cada fotografía. Esto me remite a la frase atribuida a un proverbio chino anónimo pero que en realidad, lo dijo por primera vez en 1907 el dramaturgo y poeta noruego Henrik Ibsen, “Mil palabras no dejan la misma impresión profunda que una sola acción”.
En efecto, una imagen, habla por sí misma. Pero, hay más: Luz también nos regala una reflexión que acompaña las fotografías elegidas; lo que para ella le significó ese click que inmortalizó ese preciso momento. Ella se describe como ágrafa, es decir poco dada a escribir; y aunque prefiere expresarse con la palabra hablada, hace un esfuerzo y logra imprimir su libro, donde el personaje principal es ella y la vida que le tocó vivir. Para ello, utiliza un lenguaje fácil, fluido y siempre salpicado con sentido de humor.
No pretende ser una obra literaria compleja ni erudita, sino que más bien, al leer estos relatos breves, uno tiene la impresión de estar escuchándola, tomando té en la sala de su casa.
Ahora bien, no sobra decir que el acto de escribir requiere voluntad, sí, pero también el rigor de llevarlo a cabo. Y ella, lo logra. Durante días se sentó a hacerlo. Significó invertir “horas nalga” para tomar la decisión de qué escribir, y después revisarlo una y otra vez, y nuevamente resolver qué quitar y qué agregar, hasta llegar a la decisión final: qué deseaba recordar. Escribir es gozoso, sí, pero también da miedo. Dice Clarise Lispector que “quien lo ha intentado, lo sabe”. Para escribir, continúa Lispector “…tengo que instalarme en el vacío. Es en este vacío donde existo intuitivamente”.
En estas páginas Luz da cuenta que existe. No utiliza, como dije antes, una línea de tiempo -esto mucho le hubiera aburrido- sino que avanza desordenadamente ofreciendo piezas sueltas para que quien estructure sea el propio lector. A mí me parece un procedimiento por demás original.
Según el astrónomo Carl Sagan, tenemos la capacidad de almacenar en nuestra mente información equivalente a la de 10 billones de páginas de enciclopedia. Pero, me pregunto, ¿cuánta es la información que realmente necesitamos y queremos recordar? Sin duda, los recuerdos se modifican con el paso del tiempo. Me queda claro que yo no tengo esa capacidad de almacenaje de la que habla el astrónomo y que con el paso del tiempo, se me ha llenado el disco duro; tengo que hacer una lista del mercado para no regresar a casa sin huevos.
Regresemos al rompecabezas: ¿qué fue lo que impulsó a Luz a recordar y a extraer de diferentes lugares de su cerebro, la memoria que plasma en este libro? Tuvo que haber activado el córtex temporal, ahí, donde están almacenados los recuerdos de su más tierna infancia. Y tengo por seguro que también activó los lóbulos frontales para organizar la percepción y el pensamiento. Acabo de aprender que, en efecto, la memoria está diseminada en distintas locaciones: no existe un único lugar físico para guardar la memoria en nuestro cerebro.
Es en el sistema límbico, donde se regulan las emociones. Fueron sus nietos el motor que impulsaron a Luz a avivar su memoria. Luz Lajous Vargas, a quienes Jacinto, Isabel, Camilo, Aurelia y Elena conocen como Mamú, son quienes reciben este legado. En sus propias palabras, Luz escribe: "Estas memorias van dirigidas a mis nietos y nietas... Me conocen como abuela, pero no antes de que lo fuera."
Y es aquí donde radica el encanto de este libro. Luz se propuso resolver una pregunta que en algún momento, todos los nietos nos hemos hecho: "¿Quién era mi abuela antes de ser mi abuela?".
Mamú no nos lo iba a poner fácil. Ella explica su método: “Quiero darles piezas en desorden y solamente hasta que las acaben de poner en su lugar, puedan darse una idea de quién es su Mamú.”
Y eso es lo que haremos esta noche. Vamos a tomar al azar algunas de esas ochenta piezas para construir una imagen de Mamú. Hay otras piezas que ustedes agregarán al tener entre sus manos el rompecabezas y así, formar la imagen completa de quién es Luz Lajous Vargas.
La primera pieza del rompecabezas: Su origen
Toda gran historia tiene un ancla. Luz nos ofrece varias pistas.
Encontramos la pieza número 20: Mi padre y la 71: La decisión más importante de mi vida. Me inspiró mi madre. Por diferentes razones, Luz siempre contó con el apoyo incondicional y amoroso de estas dos personas claves en su vida; sin ellas, Mamú no existiría. Su padre, trabajó como funcionario público, fue accionista de Núcleo Radio Mil, editorialista y crítico de la política mexicana. Luz se expresa de su padre como un hombre“..frió, seco sociable, muy inteligente, con una cultura autodidacta.” Sí, era todo esto pero tambén fue un refrerente al que Luz podía recurrir en todo momento, no solo a pedir ayuda sino de quien recibió sólidos consejos. Su padre siempre respetó la última decisión personal de su hija y le enseñó a ser una mujer independiente.
Así también hace remebranzas de como su madre, nadadora y campeona de bridge, le inculcó la importancia de que los hermanos permanecieran siempre unidos. Luz vivió una vida privilegiada que aprovechó al máximo al igual que la aprovecharon sus hermanas Alejandra y Roberta y su hermano y amigo, Adrián. En este rompecabezas Luz les dedica varias piezas. Los recuerda e incluso aprovecha este libo para para agradecerles su compañía y hermandad. Nadie te conoce mejor que tus hermanos titula la pieza 74.
Luz fue una niña amada; hay dos imágenes preciosas donde ella hace su primera aparición en el escenario en primero de primaria como bailadora de tap; desde temprana edad descubrió que le encantaba ser el centro de atencion. En otra foto donde se siente hecha una reina con su vestido de primera comunión.
Hay figuras femeninas a las que evoca con amor y tambíen las reconoce como claves en su vida: la madre de su madre. Escribe: Mi abuela fue lo máximo. Y la pieza 56, que es una declaración de intenciones: Soy tan buena abuela como mi abuela.Y, por supuesto, las piezas centrales que definen su vida adulta: La pieza 3: Los que me hicieron madre: sus hijos Luis y Alejandro y la 34: Los que me hicieron abuela: sus nietos.
Para terminar de colocar esta primera pieza, Luz hace mención de las familias extensas que también la conformaron y donde los patriarcas, sus esposas y respectivos hijos compartían intereses en común, vacaciones, comidas, la pasión por nadar, esquiar, velear y jugar ping-pong. En el seno de estas familias, Luz también fue querida y se sintió en casa.
Coloquemos ahora, la segunda pieza del rompecabezas:
La aventura y la exploradora
Rápidamente, al poner estas piezas, descubrimos que Mamú no es una mujer que se quedara quieta. No, no es tampoco la imagen de Sara García del chocolate La Abuelita. Más bien es tu antípoda. Como botones de muestra les comparto que en Suiza, Luz se aventó al vacío en parapente; como amazona hizo osadas cabalgatas como por ejemplo cuando cruzó a caballo el intrincado y desafiante Nudo Mixteco; también hizo rafting y descendió en balsa por la zona de aguas gravas del rio Colorado. De que es una mujer temeraria y arrojada, no cabe duda. Pero además de aventada, Mamú tiene buen ritmo y por supuesto, le encanta bailar y le gusta la fiesta.
Ha sabido divertirse y no dejó de asobrarse cuando cruzó el Charco y viajó para conocer otras latitudes. Aquí no podré mencionar todos los lares que ha conocido Mamú. Aunque, en la pieza 4 nos lo deja claro: Me encantaba conocer nuevos mundos. Y vaya que la vida la ha premiado. Tuvo el privilegio de viajar a sus anchas, no como turista sino como estudiante en Paris durante sus años mozos y años más tarde a Estados Unidos, donde cursó un posgrado en Harvard; o como funcionaria de alto nivel; o como fundadora del Foro Internacional de mujeres en México y después como su presidenta; o como esposa y parte de la comitiva del gobierno mexicano cuando conoció Rusia; o cuando visitó a su hermana Roberta, quien fuera embajadora de México en Austria.
Hay otras piezas como la 21 que entitula: Gran descubrimiento en África: ¡Los animales!. o la 50: China fue un parteaguas para mí o aquella otra Bosnia fue toda una aventura, donde hace remembranzade cuando fue contratada por un Think tank, es decir, un laboratorio de ideas, un grupo de reflexión donde presidió la mesa de discusión entre servios y bosnios.
En suma, esta Mamú no es solo una abuela; es una trotamundos, una mujer dotada con una curiosidad insaciable quien ha tenido muchas oportunidades de ampliar continuamente su horizonte de vida.
La tercera pieza: Los afectos y el amor, las pérdidas y el duelo.
El rompecabezas no estaría completo sin las piezas que le dan forma a su corazón. Jorge Luis Borges escribió que “El amor puede ser tempestuoso, pero la amistad es un puerto, y en su quietud hay una forma de eternidad”. Luz es una mujer que no ha tenido dificultad de hacer amigas entrañables. Muchas vinculadas a su vida profesional pero también otras que hizo y que conserva desde que cursó la primaria en el Colegio Francés y a quienes Luz define como “mis carnalas”. La amistad es un tesoro y Luz lo sabe y se encarga de mantener vivos estos lazos afectivos. Tiene un mujeraje formidable que la ha contenido en las buenas y también en las malas. En su rompecabezas encuentro a su mejor amiga y la más simpática, a otra que se encargó de la administración de su casa y de sus finanzas cuando la rebasó su vida profesional, esta amiga también le ayudó a organizar las fiestas infantiles, forrar libros de texto y que no faltaran las piñatas durante los compleaños de sus hijos. Tiene amigas con quienes abrió ProMujer en México y otras amigas exitosas a nivel internaciona. Tiene una que sabe organizar buenos reventones y aquella otra con la que asiste a spas elegantes. Enumera tambien a buenas amigas que la acompañaron durante el duelo por la muerte de su segundo marido. Tiene viejas amigas y a sus ochenta años sigue coleccionando afectos: formó un nuevo ramillete de nuevas amigas con las que entrelaza y comparte su vida como residente permanente en Oaxaca, entre las cuales me encuentro yo y Margarita Dalton, aquí a mi lado.
En la vida no todo es coser y cantar. Luz también ha vivido tiempos difíciles y de grandes pérdidas. Hay dos piezas de su rompecabezas que dan cuenta de estos episodios. La primera la intitula El gran susto. En este relato se refiere a uno de los momentos más complicados de su vida cuando su hijo Alejandro enfermó gravemente con un problema neurológico. Entonces, ella era presidenta de la Cámara de Diputados y su esposo ocupaba el cargo de Subsecretario; los dos tenían puestos de gran responsabilidad y ambos tomaron las riendas para atender a su hijo. Alejandro tenía encefalitis. Afortunadamente, la enfermedad fue diagnosticada a tiempo y el niño salió adelante y al poco tiempo ya estaba buceando en Cozumel.
El segundo episodio, fue menos afortunado. Ignacio Madrazo, su segundo esposo, padre de sus dos hijos y con quien Luz vivió un buen matrimonio, tuvo un accidente fatal cuando se cayó el helicóptero donde viajaba. En la pieza Mi compañero de vida, Luz reconoce que él “ dio todo de sí para su familia y para su Patria”. Fue una pérdida irreparable y dolorosa. Mamú no solo fue apoyada y querida por Nacho, sino él la adoró desde el primer día que la conoció y desde ese día, nunca más se separó de ella. Vivieron juntos 22 años. Con el tiempo, Luz aceptó su pérdida y ha podido seguir adelante con su vida.
La cuarta pieza: la mujer profesional y funcionaria pública
Esta es una de las facetas más extraordinarias y quizá la menos conocida por la generación de sus nietos: Mamú la actuaria, la pionera, la líder, la estratega, la política. En su rompecabezas incluye importantes piezas que nos hablan de su exitosa carrera profesional. Margarita Dalton nos dará cuenta de la mujer que abrió puertas y quien entendió el poder y su dificultad.
Antes de terminar mi participación, los invito a responder conmigo ¿qué es lo que vemos al haber juntado estas piezas del rompecabezas de Mamú?
Es una imagen que da cuenta de años vividos con plenitud, sin arrepentimientos, y que a sus ochenta años, como ella misma escribe, le permite "vivir en paz en Oaxaca" siguiendo el consejo de Voltaire: "En tu vejez cuida tu jardín."
Luz Lajous ha plantado, cultivado y cuidado su jardín. Y este libro es la cosecha que hoy comparte con su familia, y por suerte, con todos nosotros. Muchas gracias.