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OAXACA, Oax., 22 de octubre de 2026.- Con música de mariachi, aplausos y abrazos, Vioreny Revilla Miranda y Brayan David Gordillo Santiz fueron recibidos en la Escuela Secundaria Federal No. 1 “José Vasconcelos”, después de conquistar una medalla de oro y un premio especial en una competencia internacional de ciencias celebrada en Indonesia.
Los dos adolescentes regresaron con reconocimientos que pocos imaginaban cuando comenzaron a observar los insectos que habitan en los jardines de su escuela. Su curiosidad los llevó a descubrir un universo diminuto, fascinante y fundamental para la vida, que muchas veces pasa inadvertido ante nuestros ojos.
Vioreny y Brayan parecen haber seguido esa misma curiosidad: mirar con atención aquello que otros pasan por alto y encontrar, en lo pequeño, razones para maravillarse y proteger la naturaleza.
Y lo hicieron desde una secundaria pública de Oaxaca, con el acompañamiento de su maestro, sus familias y una comunidad escolar que ahora celebra sus logros.
Todo inició en septiembre de 2025, cuando tres estudiantes levantaron la mano para participar en un proyecto de ciencias.
Dasha Aymelek Santana Juárez, Vioreny y Brayan aceptaron el desafío sin imaginar que aquella decisión terminaría por llevar su investigación hasta el otro lado del mundo.
Bajo la asesoría del profesor Francisco Javier Cruz Hernández desarrollaron Ca Bizu So’ Pe’: A la defensa de los más pequeños, una investigación sobre la entomofauna nativa que utiliza la macrofotografía como herramienta para mejorar la educación ambiental.
El propósito era mostrar la importancia de los insectos, documentar su diversidad y contribuir a cambiar la percepción negativa que muchas personas tienen de ellos.
Para conseguirlo, los adolescentes aprendieron técnicas fotográficas especializadas, realizaron observaciones, recopilaron información y desarrollaron una metodología científica que involucró conocimientos de biología, física, química, matemáticas y tecnología.
No se trataba solamente de fotografiar mariposas, abejas, escarabajos o chapulines. Querían explicar por qué esos pequeños seres son importantes para el equilibrio ambiental y qué significa su desaparición para los ecosistemas.
Su investigación obtuvo el primer lugar en la etapa regional de Expociencias Oaxaca, en el nivel de secundaria, y posteriormente avanzó a la competencia nacional celebrada en Tampico, Tamaulipas.
Ahí consiguieron la acreditación para representar a México en la International Science and Invention Fair, en Indonesia.
Aunque el proyecto nació con tres integrantes, fueron Vioreny y Brayan quienes pudieron viajar para defenderlo internacionalmente, debido a los elevados costos del traslado.
En Indonesia conocieron estudiantes de diferentes países, proyectos científicos de gran complejidad y una cultura muy distinta a la suya.
La experiencia les permitió descubrir que los problemas ambientales también preocupan a jóvenes de otras regiones del planeta.
Pero presentarse ante los jueces internacionales no fue sencillo.
Vioreny reconoció que sintió nervios cuando comenzaron a acercarse participantes de otros países para preguntar sobre su investigación. Al llegar el momento de la evaluación, la tensión fue tanta que por unos instantes olvidó lo que tenía preparado.
Brayan recordó que la confianza entre ambos les permitió superar las dificultades.
“Solamente pudimos confiar entre nosotros”, contó al explicar cómo se apoyaban cuando alguno se equivocaba durante la presentación.
Su maestro también sintió incertidumbre.
Francisco Javier Cruz Hernández confesó que, al observar los equipos de Hong Kong, Corea, Afganistán y China, llegó a sentirse intimidado por el nivel de la competencia.
Sin embargo, esa preocupación desapareció cuando escuchó a sus estudiantes defender el proyecto.
“Al ver cómo los estudiantes defienden esta educación, se me quitó ese miedo”, expresó.
El resultado fue una medalla de oro en la categoría Education, nivel secundaria, además de un reconocimiento especial de la International Young Scientists Association, que, de acuerdo con su asesor, solamente recibieron tres proyectos participantes.
Detrás de aquellos premios había más de un año de investigación, muchas horas de trabajo y dos adolescentes que habían aprendido a confiar en sus capacidades.
Antes de viajar a Indonesia, el trabajo de los estudiantes ya había comenzado a llamar la atención de investigadores y especialistas.
Participaron en el Congreso Nacional de Entomología, colaboraron con el Jardín Etnobiológico de Oaxaca y presentaron fotografías en espacios culturales, entre ellos la Casa de la Cultura Oaxaqueña.
También trabajaron con el sector salud en la elaboración de imágenes de insectos vectores, como mosquitos y chinches capaces de transmitir enfermedades, para contribuir a que la población pueda identificarlos.

Su investigación llegó además a escuelas primarias, donde compartieron fotografías y charlas de educación ambiental con otros niños.
El profesor Cruz Hernández destacó que sus alumnos dominan el apilamiento de imágenes, una técnica compleja que permite combinar varias fotografías para obtener imágenes de gran nitidez y detalle.
Su talento fotográfico también les abrió otros espacios. Figuraron entre los 80 finalistas del concurso nacional Mosaico Natura 2026 y sus imágenes fueron exhibidas en las rejas del Bosque de Chapultepec, en la Ciudad de México.
Así, aquello que comenzó como una tarea escolar terminó convirtiéndose en una herramienta para divulgar conocimientos y despertar la curiosidad de otras personas.
Para Francisco Javier Cruz Hernández, el logro de sus estudiantes representa también una muestra de las posibilidades de la educación pública oaxaqueña.

El docente destacó que numerosos profesores de la Sección 22 trabajan en proyectos vinculados con las problemáticas de sus comunidades y consideró que experiencias como esta demuestran el alcance que pueden tener esas iniciativas.
Sin embargo, más allá de las medallas, explicó que desde el principio perseguía un propósito que considera fundamental en la formación de sus alumnos.
“La intención de este proyecto, como profesor, era que ellos creyeran en sí mismos. Y lo logré, se logró”, expresó.
Sus palabras cobran especial significado al recordar que todo comenzó con tres adolescentes que se atrevieron a participar, sin conocer los desafíos que encontrarían en el camino.
También hubo familias que acompañaron el esfuerzo, especialistas que compartieron sus conocimientos y una comunidad escolar que celebró cada avance.
El reconocimiento internacional es, en ese sentido, un triunfo compartido.

Durante la ceremonia de bienvenida, el director de la secundaria, Nicolás Gabriel Martínez Nieto, dedicó un mensaje emotivo a los jóvenes científicos.
“Ustedes miraron donde nadie más mira. Mientras otros ven una plaga en las plantas, ustedes vieron vida, equilibrio y una oportunidad para defender”, expresó.
El director recordó que sus alumnos pasaron de observar los jardines escolares a defender la importancia de la entomofauna ante jurados internacionales.
“Eso es talento oaxaqueño, eso es innovación con raíces”, afirmó.
También reconoció el trabajo de sus familias y asesores, y destacó que la curiosidad puede ser el punto de partida de grandes descubrimientos científicos.

“Gracias por demostrar que la ciencia no necesita un gran laboratorio, necesita curiosidad y a ustedes les sobra esa curiosidad”, les dijo.
Antes de concluir, dejó una reflexión que resume el sentido de la investigación.
“México y el planeta necesitan más científicos que defiendan lo pequeño para salvar lo grande”.
Vioreny y Brayan quieren continuar compartiendo sus conocimientos y motivar a otros estudiantes a desarrollar proyectos científicos, no solamente sobre insectos, sino también sobre aves, animales en peligro de extinción y otros problemas ambientales.
Su historia recuerda que la ciencia puede comenzar con una pregunta sencilla, una cámara fotográfica o la decisión de observar detenidamente aquello que tenemos cerca.
El viaje a Indonesia les permitió mostrar su trabajo ante el mundo, pero el descubrimiento más importante había ocurrido mucho antes, en los jardines de su propia escuela.
Ahí encontraron un universo que siempre estuvo presente, aunque pocos se detuvieran a contemplarlo.
Y mientras el mariachi acompañaba su regreso a casa, Oaxaca celebraba algo más que dos medallas: celebraba la curiosidad de sus niños, la dedicación de un maestro y la capacidad de la escuela pública para abrir caminos.
Porque Vioreny y Brayan no solamente aprendieron a mirar a los insectos.
También nos están enseñando a mirar el mundo con otros ojos.