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Punto de quiebre
En 1986, Cuauhtémoc Cárdenas, Ifigenia Martínez y Porfirio Muñoz Ledo, entre otras figuras, impulsaron la Corriente Democrática dentro del PRI. Su principal exigencia era acabar con el dedazo y establecer reglas claras, transparentes y democráticas para elegir al candidato presidencial. Pero detrás de esa demanda también había una disputa por el rumbo económico del país, una crítica al presidencialismo y un cuestionamiento al modelo neoliberal adoptado durante el gobierno de Miguel de la Madrid.
La elección presidencial de 1988 enfrentó dos proyectos políticos distintos. Carlos Salinas de Gortari representaba la continuidad de una transformación económica orientada hacia la apertura comercial, la modernización y la reducción de la intervención directa del Estado. Cuauhtémoc Cárdenas reivindicaba el nacionalismo revolucionario, la soberanía económica y un Estado con mayor responsabilidad social.
Más allá de sus diferencias ideológicas, aquella contienda puso en evidencia una contradicción fundamental: un sistema político que hablaba de democracia, pero que no estaba dispuesto a democratizar sus propios mecanismos de sucesión.
El resultado controvertido de la elección, marcado por la caída del sistema de cómputo electoral y las acusaciones de fraude, provocó una ruptura histórica. La inconformidad trascendió la disputa entre dos candidatos y abrió una nueva etapa en la lucha por construir una democracia efectiva.
En 1989 nació formalmente el Partido de la Revolución Democrática (PRD), una organización que reunió a buena parte de las fuerzas que habían desafiado al PRI. La disidencia dejó de ser solamente una corriente interna para convertirse en una oposición con identidad, organización y capacidad de disputar el poder.
La transformación no ocurrió de un día para otro. La elección de 1988 fue un parteaguas de un proceso que se desarrollaría durante años, mediante reformas electorales, movilización ciudadana y una creciente pluralidad política.
En 1997, Cuauhtémoc Cárdenas se convirtió en el primer jefe de Gobierno del Distrito Federal elegido por voto popular. Ese mismo año, el PRI perdió por primera vez la mayoría absoluta en la Cámara de Diputados. Tres años después, en el 2000, perdió la Presidencia de la República, paradójicamente no fue la izquierda quien logró dicho hito, fue el candidato conservador.
La alternancia, la pluralidad legislativa, el fortalecimiento de los gobiernos municipales y la construcción de organismos autónomos fueron parte de una transformación que amplió los contrapesos al poder. También lo fueron las generaciones que crecieron en un país donde la competencia electoral y la posibilidad de alternancia dejaron de ser excepciones.
La historia, sin embargo, no avanza en línea recta. Las instituciones que parecían conquistas definitivas también pueden debilitarse cuando quienes tienen la responsabilidad de defenderlas dejan de hacerlo.
Y aquí aparece una paradoja que la historia difícilmente podría ignorar.
Cuauhtémoc Cárdenas murió en las mismas fechas en que se intensificó el cuestionamiento sobre el futuro de la autonomía electoral en México. El hombre cuya ruptura contribuyó a abrir el camino hacia una democracia más plural ya no está; las instituciones que ayudó a hacer posibles enfrentan, una vez más, el desafío de demostrar que el poder no está por encima de las reglas.
La democracia no se construye solamente ganando elecciones. Se construye garantizando que el voto sea libre, que las instituciones sean autónomas, que quien gobierna tenga límites, lo que sintetiza claramente; los caudillos, líderes carismáticos no pueden estar por encima de las instituciones.
La gran lección de 1988 es que ninguna conquista democrática es irreversible. Y que cuando el poder deja de aceptar contrapesos, la historia vuelve a poner a prueba a las instituciones, a los ciudadanos. Incluso a los símbolos de dichas luchas, este es el punto de quiebre.
P. D. Los restos de Cuauhtémoc Cárdenas serán trasladados a la Rotonda de las Personas Ilustres. Una pregunta para la reflexión histórica: ¿por qué los restos del general Porfirio Díaz, expresidente de México y una de las figuras más trascendentes y controvertidas de nuestra historia, siguen esperando su regreso a México y un lugar de honor?