
La esperanza de libertad resiste
OAXACA, Oax., 10 de agosto de 2017.- Mientras el Gobierno de Trump, nos dio ya suficientes visos del antigobierno, en Oaxaca estamos encarando problemas que yacían fuera de toda agenda.
La realidad es que la cultura de conservación del Medio Ambiente llegó tardía y tenemos que pisar el acelerador quienes menos continuamos para que se sepa que los movimientos sociales y grupos de presión, que los hay por miles en el mundo; quizás el más famoso es Green Peace, sin radicalismo, los actores individuales coordinados por las asociaciones y gobiernos, demos una lección.
La no firma del Acuerdo de Parín ha sido una de las últimas burlas del gobierno del no me importa al mundo entero. En realidad, no sé por qué no firmar el protocolo de Kioto y el Acuerdo de París si, a sabiendas de que al estado norteamericano es uno de los pocos a quienes no les interesa el Medio Ambiente.
Sus industrias son las que más contaminan; las que más riqueza material producen a costa de la todo y de todos. Sí, de todos, incluyendo los reductos de “Tribus” (Es la terminología oficial del gobierno del norte) con todo y su territorio, sus reservas, cada vez más mermadas en aras del progreso; ni siquiera del desarrollo.
Y es que naturaleza, terruño y comunidades originarias son indisolubles. La relación del hombre con su entorno, casa de biodiversidad.
Este #DiaInternacionalDeLosPueblosIndígenas no encuentro una tesis con más pertinencia: la primera potencia del mundo va con agresividad contra todo y todos; nazismo reeditado, la importancia de la conservación del Medio Ambiente no está en las preocupaciones de Donald Trump.
Ya comienzan a publicarse estimaciones del daño real a los ecosistemas que se ubican donde habrá de construir el ya conocido muro que anunció construir; especies vegetales y animales, flora y fauna que desaparecerá sin que muchos se hayan dado cuenta.
Viene esto a colación porque allá está el Río Bravo y aquí tenemos el Atoyac, que desde siempre ha sido un ejemplo de ecocidio por falta de planeación y de voluntad política y ciudadana.
Las culpas se reparten, los desechos domésticos siguen encontrando ahí su recipiendario y dista de ser ya, lo que los abuelos contaban.
Que abarca más de un estado, cierto.
Que atraviesa otros municipios, también. Pero esas son excusas que no resuelven un problema de salud pública, de planeación urbana, de cultura ambiental, de inacción de nuestro municipio, cuya oficina encargada de este y muchos otros temas es solo un espacio para burocracia y su presupuesto, seguramente insuficiente para encarar el reto, no solo de sanear, sino de hacer de él orgullo y patrimonio natural de nuestra ciudad.
Que deje de ser un proveedor de arena, refugio de indigentes o peligroso paso a transeúntes que abultan las estadísticas de criminalidad.
¿Has visto agentes municipales durmiendo en sus patrullas, mientras a unos metros los “cantoneros” hacen de las suyas?
Bajos salarios, falta de mística, desánimo de servir, déficit de policías y patrullas. Los índices delictivos pueden tener varias explicaciones: oficiales, no gubernamentales, académicas, ciudadanas, periodísticas.
Dejo una: delinquir ya es considerado como un trabajo, dinero fácil, presuntas complicidades con quienes ganan doble; les paga el municipio y presuntamente les paga la delincuencia; les compra tiempo.
La policía es dueña de nuestro tiempo, tranquilidad. Desde hace unos años, la ciudadanía se siente insegura.
Ojalá no tengamos, hecha la suma, a mas ciudadanos por cada buen policía.
El rescate del río Atoyac con una política pública seria traería beneficios adyacentes al medioambiental.
Que no se prometa lo que no se pueda cumplir y que se haga política. Que se hable con todos los que se tenga que hablar. Si no hay eco, es un fracaso y se entierra el problema.
Hay muchos grupos ambientalistas que tienen respuestas, pero no la posibilidad económica de ir a la raíz del problema.
Hoy todos felicitamos a un grupo poblacional responsable que defiende, cuida y protege sus recursos naturales. ¿Con qué cara?
Ser indígena no es hablar una lengua madre. Es mucho, mucho más que eso y deben hoy dejarnos muchos ejemplos de lo que las ciudades se encargaron de que se olvidara, en aras del progreso.
¿Te acuerdas de todo lo que había donde recientemente se construyó el Chedrahui de la zona norte? ¿El caso reciente de la Presa Rompepicos, independientemente de la resolución de un juez que la devuelve a la Conagua y se la quita a quien ya la tenía como propiedad privada.
Tenemos grupos indígenas en nuestra ciudad. Trabajan en el día y por las tardes o noches regresan a los cinturones de miseria, que crecen hacia los cerros de la ciudad, por una falta de planeación que les permita vivir mejor o regresar a sus comunidades.
El mundo tiene los mismos problemas a diferente escala. Su atención es la diferencia.
En los grupos indígenas y los expertos técnicos, tenemos las respuestas y los pasos a seguir. Las ocurrencias son lo peor que puede tener un Ayuntamiento.
Regálennos una política pública que convenza, que mueva voluntades y convenzamos también a los otros dos órganos de gobierno de que puede ser, además de un ícono más, un pulmón más; un regresar a lo mejor de nuestro pasado.
¡Es posible!