CIUDAD DE MÉXICO, 2 de agosto de 2020.- El 2020 tendrá que ser recordado como un año terrible que ocasionó muy serios daños al tejido económico del país que demandarán cuatro o cinco años de sacrificios para recuperar el terreno que ya pisamos a finales del 2018.

El saldo rojo de este ciclo incluirá no solo aumento en el nivel y número de familias que viven en la pobreza sino un incremento en el nivel de pobres extremos, desempleados, número de empresas que tuvieron que cerrar, trabajadores que bajaron su nivel de ingreso con tal de mantener una fuente salarial.

Nunca la humanidad había vivido lo que no hemos dejado de vivir. Todos los países del mundo se han visto afectados aunque no todos en la misma proporción.

Aquellos países que aprovisionaron recursos fiscales y monetarios como estrategia para amortiguar el daño del confinamiento obligado recuperarán su economía de forma más rápida. El daño habrá sido no tan profundo respecto a los daños en países que se resistieron en invertir políticas públicas en favor de sus poblaciones trabajadoras y de su tejido empresarial.

Aun en el supuesto proceso de recuperación, hay naciones que han invertido entre el 20 y hasta el 45 por ciento de su PIB en estrategias para que la cuesta de regreso a la normalidad sea menos penosa. Las naciones que supieron enfrentar la pandemia de manera más inteligente han perdido menos empresas, sufrieron menos sus poblaciones, y el trayecto de recuperación será aparentemente menos dolorosa.

Para el 2021 o el 2022 estarán de vuelta.

Pero como México, que invirtió uno por ciento de su PIB en favor de su ecosistema empresarial, los países tendrán que ver su economía hundida a mayor profundidad y el regreso tendrá que ser más penoso.

La CEPAL ya habla de una década perdida.

El Gobierno Federal en México se resistió a apoyar al empleo formal y por supuesto ni de re-ojo consideró a la economía informal.

Mientras gobiernos como Alemania destinaron recursos fiscales para pagar a sus poblaciones hasta el 80 por ciento de su salario regular en directo (Gobierno-empleado) para facilitar el proceso de confinamiento, Argentina, en pleno trayecto de default puso el 60 por ciento en largos trayectos mensuales.

Menos enfermos, menos mortandad empresarial y menor desempleo. La economía germana se contrajo 10 por ciento en el segundo trimestre del año mientras que la economía mexicana -19 por ciento (-18.9 por ciento). Estados Unidos, bajo metodología distinta cae a ritmos ajustados a nuestra forma de medir el PIB -9.5 por ciento.

Standard & Poors anticipa en un estudio que la recuperación para las naciones que invirtieron políticas fiscales más las monetarias tuvieron una caída menos relevante y la recuperación, también apoyada por politicas públicas, será menos penosa.

México, dentro de la América Latina, será de las que tengan un recorrido más largo y complicado en su regreso a la normalidad.

Y quienes más sufrirán habrán de ser las empresas y sus empleados. En México no hubo oportunidad para que las empresas fueran apoyadas debido a que en la Presidencia se considera que en circunstancias como las actuales son las reservas financieras de las propias empresas las que deben de jugar en favor de enfrentar la situación.

El Presidente ha insistido en que no va a colocar recursos fiscales en favor del rescate a las empresas como en el pasado se hizo invirtiendo gran cantidad de recursos que debieron usarse para apoyar a las familias pobres.

Aunque en la apreciación de apoyar a las empresas juegue en la mente del Primer Mandatario una suerte de prejuicio que fomenta decisiones equivocadas.

En el país existen, datos últimos del Inegi, poco más de 4.5 millones de empresas. El 97.5 por ciento son micro empresas pues cuentan con uno o hasta 10 trabajadores. Las empresas pequeñas, que tienen entre 11 y hasta 50 empleados no alcanzan a ser 189 mil en México y las medianas no alcanzan a ser 40 mil.

En el país solo el 0.2 por ciento de las empresas son grandes empresas, las que eventualmente pueden soportar la necesidad de pagar a sus empleados en un contexto de confinamiento absoluto y sin contar con ventas o actividad por más de un mes.

Y no podrán hacerlo por mucho tiempo más y menos si en un momento u otro el resto de sus filiales tendrían que hacerlo en otra parte del mundo.

México ha visto que su tejido empresarial ha experimentado una fuerte pérdida de masa que habrá de sanar conforme pasen los meses hasta completar quizá varios años. Esa pérdida de tejido muscular generará menos empleo y menores potenciales de reacción en el aprovechamiento de las oportunidades que se presenten.

Ciertamente la pandemia habrá de enseñarnos mucho y entre las lecciones estará que la ausencia de inversión de recursos fiscales y monetarios en circunstancias atípicas como las que hemos vivido representa la necesidad futura de pagar una factura con precios más altos.

Y eso pasará a la historia.