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OAXACA, Oax. 8 de septiembre de 2026.- Para Yann Samuell, el cine es un viaje emocional. Puede pasar del enojo a la tristeza, del amor a la alegría o al hartazgo, y con esa amplitud construyó El Camino, su nueva película sobre dos vidas atribuladas que se cruzan durante la peregrinación a Santiago de Compostela.
“Yo no quería que hubiera un ascenso simple hacia la redención, sino que hubiera una especie de ondulación”, explicó el director en entrevista con medios mexicanos antes del inicio de la edición 30 del Tour de Cine Francés.
Samuell habla de Fred y Adam, dos personajes que llegan al Camino desde lugares muy distintos.
Fred, interpretada por Alexandra Lamy, enfrenta un inminente divorcio, la suspensión de su trabajo después de una confrontación con una alumna y una relación prácticamente rota con su hija.
Adam, Julien Le Berre, tiene 17 años, está a punto de enfrentar una condena, responde con violencia y vive con el resentimiento provocado por la ausencia de su madre.
El encuentro parte de una experiencia que existe en Francia. Seuil trabaja con adolescentes que atraviesan problemas familiares, sociales o judiciales y les ofrece realizar voluntariamente una larga caminata acompañados por un adulto.
Para Samuell, ahí estaba la posibilidad de contar dos procesos al mismo tiempo. Fred llega como la adulta que debe acompañar a Adam, pero el recorrido deja ver que ella también necesita reconstruir su vida.
“Esta película es una oda a la esperanza, a tender la mano, a las segundas oportunidades”, dijo.
La historia nació de testimonios de jóvenes acompañados por Seuil. Samuell leyó 25 experiencias y encontró en ellas una idea que terminó atravesando la película.
“Cuando leí este libro, incluso lloré. Me di cuenta de que el hecho de que alguien nos diga ‘tengo confianza en ti’ puede cambiar nuestro destino”.
Una de esas historias llegó al guion en el encuentro de Adam con un grupo de monjes. El adolescente, convencido de que su vida no interesa a nadie, se encuentra con desconocidos dispuestos a escucharlo.
“Ellos le dicen, cuéntanos tu historia, nos interesa. Y entonces dice, tengo un valor”.
Samuell necesitaba también que la relación entre Fred y Adam pudiera sostenerse desde el enfrentamiento.
Alexandra Lamy tiene una larga trayectoria en la pantalla francesa, desde Un gars, une fille hasta películas como Tout le monde debout y La Chambre des merveilles. Frente a ella, el director buscaba a un actor menor de 18 años capaz de moverse entre la rabia y la vulnerabilidad.
Durante el casting pidió a los jóvenes interpretar una misma escena desde el enojo, la tristeza, el amor, la alegría y el hartazgo. Después quiso todas esas emociones en una sola toma.
Julien Le Berre lo hizo.
Cuando Samuell lo presentó con Lamy llegó unos minutos tarde y los encontró afuera del restaurante, fumando y muertos de risa.
“Dije, maravilloso”.
El director trabajó también el paisaje como parte de ese recorrido emocional.
Antes de filmar recorrió cerca de 2 mil kilómetros para buscar los lugares que acompañaran lo que Fred y Adam iban viviendo.
“Se requería que estos lugares fueran portadores y narraran el viaje interior del héroe”.
La película fue rodada en distintos puntos del Camino, desde Le Puy-en-Velay y regiones como Haute-Loire, Lozère, Aveyron y Lot hasta los Pirineos y España.
Samuell quiso que las tomas aéreas no fueran simples postales.
“Quería que el personaje se sintiera perdido en medio de un paisaje desolado”.
También dio un sentido preciso a algunos lugares.
“Un puente es lo que une dos orillas. Siguen siendo dos y las dos orillas nunca se van a encontrar”, explicó.
En cambio, las reconciliaciones aparecen cerca del agua, en el mar o las cascadas. Samuell la utiliza como un elemento maternal, especialmente relacionado con Adam y con la ausencia de su madre.
Aunque Santiago de Compostela conserva inevitablemente el peso religioso de siglos de peregrinación, el cineasta no quiso hacer una película sobre la fe.
“Yo evité caer en el proselitismo religioso. Quería que fuera un camino interior, un camino místico, pero no dogmático”.
Samuell había vivido cerca del Camino y durante años vio pasar a los peregrinos. Sólo lo recorrió cuando comenzó a trabajar en la película.
“La gran fuerza del Camino de Compostela es que una vez que llegamos a Santiago tenemos respuestas a preguntas que ni siquiera sabíamos que nos habíamos planteado. Es una terapia”.
El director también incorporó un rap sobre el Ave María para unir el universo de Adam con la tradición del Camino.
Varios raperos enviaron propuestas y el equipo eligió una. Samuell reconoció la voz desde el principio, pero no dijo nada hasta que productores y colaboradores tomaron su decisión.
“Ellos me dijeron, ésta es nuestra preferida. Y entonces yo les dije, qué bueno porque a mí también es la que más me gusta, pero resulta que es mi hijo”.
El Camino, cuyo título original es Compostelle, se estrenó en Francia el 1 de abril de 2026.
La película llega ahora a México dentro de la edición 30 del Tour de Cine Francés, organizado por Nueva Era Films, Cinépolis, la Embajada de Francia en México y la Federación de Alianzas Francesas.
El Tour comienza el 10 de septiembre con siete películas y llegará a decenas de ciudades del país.
Para Samuell, que su película recorra México prolonga también una de las ideas que defiende en ella.
“Compartir el cine entre distintas naciones es una de las mejores cosas que podemos hacer”.
Y frente a jóvenes como Adam, el director insiste en otra convicción.
“Entre más castiguemos, menos vamos a obtener resultados. Al contrario, hay que tenernos confianza. Es la única manera de hacer avanzar las cosas”.